Detienen a Cesare Battisti, el terrorista más buscado de Italia

Cesare Battisti, el ex activista de izquierda italiano condenado por asesinatos y que fue detenido en Bolivia, finalmente se transformó en uno de los personajes de sus célebres libros. Una trama que intercala espionaje, amor, asesinatos, guiños con el poder y sobre todo fugas, 40 años huyendo.

El fugitivo, de 64 años, fue localizado el sábado por la tarde en la calle, por un equipo especial de Interpol. Battisti llevaba una barba y un bigote falsos. El equipo de Interpol había centrado su búsqueda en Santa Cruz antes de Navidad, y luego la concentró en algunos barrios, antes de fijarse en un peatón que tenía un paso titubeante.

El regalito está llegando”, escribía ayer en tuiter Eduardo Bolsonaro, diputado e hijo del mandatario de ultraderecha de Brasil, al ministro del Interior italiano, Matteo Salvini.

Battisti, políglota de voz dulce y conocido por sus polémicas, nació en el sur de Roma el 18 de diciembre de 1954 en una familia comunista pero también católica, como él.

Tras pasar varias veces por la prisión por delitos comunes, a finales de los años 1970 se unió a la lucha armada dentro del grupo Proletarios Armados Por el Comunismo (PAC). Banda de la que fue fundadora además.

“Intentar cambiar la sociedad con las armas es una estupidez pero bueno, en esa época todo el mundo tenía pistolas”, dijo en 2011. “Había guerrilleros en el mundo entero, Italia vivía en una situación pre revolucionaria”, agregó.

Eras los Anni di piombo -años de plomo- en donde la insatisfacción por la situación político-institucional caótica. Los gobiernos duraban apenas unos pocos días, lo cual se tradujo en violencia callejera y sucesivamente en lucha armada, perpetuada por grupos organizados que usaron el terrorismo como arma, con el objetivo de crear las condiciones para influenciar o derrocar el orden institucional italiano. Después en los 80, esta tendiente derivó en protestas.

Fue en el 78 y 79 cuando participó y fue cómplice de los asesinatos de dos policías, un joyero y un carnicero en Italia. Battisti siempre ha rechazado los cargos e incluso llegó a decir en el exilio : ”Llore por los familiares y víctimas”. En 1993 fue condenado en ausencia a cadena perpetua.

Tras ser detenido en Milán, fue encarcelado en 1979 y en 1981 se evadió. Tras pasar por México encontró refugio en Francia entre 1990 y 2004 gracias a la protección del e ex presidente socialista François Mitterrand, que se comprometió a no extraditar a ningún militante de extrema izquierda que hubiera renunciado a la lucha armada. Igual que un centenar de militantes italianos de los años 1970, Battisti rehízo su vida en París.

Trabajó como guardián en un edificio y empezó a escribir y publicar una docena de novelas policíacas con muchos elementos autobiográficos que tratan temas como la redención o el exilio de ex militantes extremistas. En 2004, el gobierno de Jacques Chirac decidió poner fin a la “jurisprudencia Mitterrand” y extraditarlo.

Battisti huyo entonces a Brasil con una identidad falsa, según él, con ayuda de los servicios secretos franceses. Después de tres años de clandestinidad, en 2007 fue detenido en Rio y pasó cuatro años en prisión, donde mantuvo una huelga de hambre porque decía preferir “morir en Brasil antes que volver a Italia”.

“Escribir para no perderme en la niebla de los días interminables, repitiéndome que no es verdad. Que no soy yo este hombre que los medios han transformado en monstruo y reducido al silencio de las sombras”, afirma en “Mi fuga”, un libro escrito en prisión.

En 2009, el Tribunal Supremo de Brasil autoriza su extradición pero deja la decisión final en manos del presidente Lula, que finalmente –el último día de su mandato- rechaza extraditarle.

En junio 2011 Battisti queda liberado y logra obtener un permiso de residencia permanente en Brasil. Luego se instala en Cananeia, una ciudad del sureste del país, donde continúa escribiendo y donde tiene un hijo.

Pero la justicia brasileña toma decisiones contradictorias. En 2015 una juez ordena una nueva expulsión. Dos años más tarde le detienen en la frontera con Bolivia, acusado de querer huir, y le ponen bajo vigilancia electrónica durante cuatro meses. El sábado se acabó su periplo. Pasará el resto de su vida en una cárcel donde seguramente otra vez, pueda continuar las memorias de su eterna huida.

Fuente: La Razón

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