Dos pueblos, una forma de matar

«Pueblo pequeño, infierno grande». Ya lo dice el refranero popular y, aunque no es comparable la población de Llanes (Asturias), que cuenta con unos 13.800 habitantes, a la de Fago (Huesca), con apenas 22 vecinos censados, las situaciones que se viven en el día a día en la política de ambos lugares guardan ciertas similitudes: todos se conocen y, más allá de ideologías, los temas habituales de disputa suelen ser por límites entre fincas, la traída del agua para el riego de huertas o la concesión de licencias para edificar, apertura de negocios etc. Pero lo que guarda una similitud asombrosa es la forma en la que, en los dos municipios, han acabado con la vida de un político «molesto» de forma violenta. A ambos les colocaron un obstáculo en una carretera poco transitada para que, cuando pasaran con el coche, tuvieran que bajarse a retirarlo. Ese momento fue el aprovechado para matar. A uno en 2007, a otro en 2018; a uno con un arma de fuego y al otro con un objeto contundente pero la idea, sin duda, es la misma; al igual que el resultado: ambos murieron de forma violenta. Ya han pasado once años pero, ¿fue el crimen de Fago una fuente de inspiración para quienes decidieron acabar la semana pasada con la vida del concejal de IU de Llanes?

En 2007, Miguel Grima era alcalde del PP en Fago, un pequeño pueblo pirenaico y parece que no era muy querido. En el momento de su muerte acumulaba 40 denuncias y había sido condenado por amenazar a dos vecinos. Tenía disputas con varias personas pero con quien mantenía una guerra abierta era con un ingeniero agrónomo de Zaragoza que ejerció de agente forestal y cazador pero en aquel entonces llevaba una casa rural en el pueblo. Era Santiago Mainar y sería su asesino. Aunque fue su rival socialista en las últimas elecciones, la animadversión fue a cuenta del agua: Mainar había desviado caudal a su finca sin el consentimiento de Grima. El primero decidió terminar con las desavenencias con plomo de por medio y una fría madrugada de enero, a sabiendas de que el regidor regresaba del pueblo de al lado, colocó unas piedras en la carretera que va de Majones a Fago. Hubo algún vecino que pasó por allí y le tocó apartarlas pero Mainar las volvió a colocar hasta que pasó Grima. Cuando el alcalde se bajó de su Mercedes, Mainar disparó con su escopeta de postas a unos siete metros de distancia. El caso no tardó mucho en resolverse. La Guardia Civil le detuvo tres semanas después y él confesó el homicidio. Dijo que lo hizo de forma «altruista», para que dejaran en paz al resto de vecinos del pueblo que estaban bajo sospecha. Y es que la Guardia Civil había solicitado pruebas voluntarias de ADN entre los vecinos. «Más que cotejar las que se hacen, el dato importante está en el que no se presenta», apunta un agente cercano a la investigación de Llanes. Porque los agentes ya han solicitado en el pueblo asturiano la misma prueba. El crimen del concejal de IU de Llanes, asesinado la madrugada del pasado día 16 cuando salía de su casa –en un camino rural de Belmonte de Pría, y se dirigía a faenar en la mar–, sigue sin resolverse. Desde hace unos días, varios agentes de la UCO se han desplazado desde Madrid para trabajar con el grupo de Policía Judicial de Llanes. Además de pruebas científicas, los investigadores se centran en examinar cada apartado de la vida de Javier Ardines, de 52 años de edad, y analizan con lupa su entorno familiar, político y laboral, ya que él se ganaba la vida en el sector pesquero (era patrón de barco y armador) y había renunciado a su sueldo como concejal de Medio Rural, Playas y Personal en el consistorio. Ardines tenía fama de «peleón» y de no dejarse doblegar por intereses de nadie. Solía tener enfrentamientos porque defendía firmemente el litoral del ataque urbanístico y peleaba por las fincas de propiedad municipal que se habían apropiado particulares. Pero no parece que la investigación vaya por ahí. La Guardia Civil también investiga a su entorno familiar y laboral, aunque la principal baza para avanzar en la investigación se basaría en otro tipo de pruebas: en el ADN del presunto autor encontrado en las manos de la víctima (trató de defenderse del ataque con un objeto contundente, según la autopsia), en la huella dejada por las ruedas del vehículo (y del calzado) que fueron hasta el lugar, el tráfico de llamadas o conexión de datos móviles de los terminales cuya antena más cercana dio cobertura aquel día y las vallas instaladas en mitad del camino para provocar que el concejal frenara y se bajara de su furgoneta para retirarlas, igual que el alcalde de Fago. Dejó la puerta del conductor abierta y el motor encendido y así estaba cuando su hija descubrió su cadáver a 300 metros de casa. Los agentes de Científica también han analizado la «Bramadoria», el barco del concejal e investigan la posible vinculación de éste con una flotilla en Rusia, un comentario que ya es la comidilla de todos los vecinos del pueblo.

Fuente: La Razón

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