El Balneario de las arenas

En 1838 se inauguraba el Balneario de Las Arenas. Este se construyó por iniciativa del militar y diputado Antonio Zarranz Beltrán.
Pronto añadió dos edificios inspirados en el Partenón, un pabellón lacustre y la sensacional piscina, que Renau inmortalizaría en un cartel. (Ver foto)

El Balneario, en las décadas de la posguerra dejó de instalar el pabellón lacustre de tabloncillos de madera blanca y azul, levantado sobre columnas de piedra y hierro, que proyectó el pintor decorador Carlos Cotina Beltrán hacia mediados de 1930. Fue un amplio café en sus últimos tiempos, atendido por camareros con corbata de pajarita sobre camisa blanca, que servían café granizado, leche merengada y el nacional (mantecado con café)

Se inauguró en el verano 1838 constituyendo un acontecimiento del que se vanagloriaban las familias de la elite social, que suspiraban por una estancia en Biarritz o en las playas francesas de la belle époque. El testimonio de la primitiva construcción, un conjunto de edificios de distintas alturas ocres, blancos y azules encuadrados por tapiales encalados que duplicaban el sol, sobre los que se desbordaban adelfas y buganvillas, quedó en el óleo de Cecilio Pla firmado hacia 1915, perteneciente hoy a la colección del Senado.

Los bañadores, tan púdicos que no marcaban la silueta, se alquilaban como las toallas y las sábanas inmensas, orladas de cenefa azul, que cuidaban las lavanderas del pabellón para tender rápidamente sin que perdieran el olor a jabón y lejía.

Por las tardes, la banda de Pueblo Nuevo del Mar ofrecía conciertos con un programa de mazurcas, pasodobles y preludios de zarzuelas, que puntualmente se anunciaban en la prensa.

El afán de novedad paralelo al desarrollo económico se manifestó en el Balneario que, en las primeras décadas del novecientos, levantó dos edificios iguales con referencia a templos griegos. Y todavía aún resultó más comentada la apertura de una sensacional piscina en 1934, proyectada por el arquitecto Gutiérrez Soto, responsabilizándose de las obras Cayetano Borso. Fue la primera piscina de Europa que disponía de agua de mar y agua dulce. Audaz piscina por la estructura de volúmenes cúbicos y desafiante trampolín.

De 1936 a 1939, Las Arenas quedó en el olvido y sufrió gran destrucción por un bombardeo, especialmente uno de los soñados templos. Después, la piscina marcaría siempre una distancia de clases; su público sería más elegante que el familiar de las fiambreras y la mesa abatible, del balneario. La piscina reunía a las jóvenes de los zapatos topolino o tacón plataforma y a los chicos universitarios, que se enternecían con Machín, el cantante de las canciones para enamorar: 

Déjame, 
que llore de alegría 
por estar, cerca ti. 
Déjame tu mano,
entre la mía, 
no te vayas, 
quédate aquí.

Afortunadamente, el tiempo fue eclipsando guardias a caballo celosos de la moral en la indumentaria; habitaciones privadas o generales para despojarse de la ropa y separación de sexos. Aparecieron los futbolines, el teatro guiñol para la gente menuda, los patinetes y los discos solicitados en lo que fuera antigua cabina cinematográfica, aunque se respetaban con silencio, por atención a la siesta, las primeras horas de la tarde.

Cuando el televisor se entronizaba en las casas, coronado por una figurita de cerámica o un búcaro con flores artificiales, y motivaba que el público atraído por la novedad de la pantalla propia regresara al hogar pronto y quedase solitario el Balneario de Las Arenas, abandonado a pesar de los innovadores umbráculos de Fisac, las enormes peceras decorativas y el bosquecillo de tamarindos en la arena, próximo a los quioscos del sandwich y la coca-cola.

Se habían cerrado las dependencias para las curas termales en el Partenón que no fue bombardeado; y en las columnas la pintura de azulete se desconchaba ocasionando manchas blancas que dejaban entrever algunas letras, algunas cifras, algún viejo corazón grabado con navaja.

Se vislumbraba el fin del Balneario. Y sucedió al sacarse a pública subasta. Actualmente, el hotel de Las Arenas (mantiene el nombre), de lujosa decoración.

En las fotos, distintas perspectivas del balneario.

 

Jesús Moya Casado
Jesús Moya Casado

Jesús Moya Casado es apreciado autor y colaborador de la web cultural del pueblo de Chert y con sus interesantes artículos epistolares presentes en la red de Internet, ayuda a engrandecer las olvidadas tierras del Maestrazgo, sus gentes y sus costumbres, acreditando con su contribución, el aprecio que siente por nuestro pueblo y permitiendo deleitarse con la gratificante lectura de sus escritos: