El policía «biónico» gana su batalla contra Interior

Tiene 31 años, lleva once en una “empresa” por la que siente devoción pero, justo cuando atravesaba su peor momento, sintió que le había dado la espalda. Rafael es un policía de la Policía Nacional de Córdoba que sufrió la amputación de su pierna izquierda tras un aparatoso accidente de moto en 2015 y, aunque es evidente que no puede desempeñar algunos puestos operativos, hay otros muchos que sí. A pesar del duro zarpazo que le dio la vida, sus ganas por seguir adelante y su fuerza mental se han impuesto por delante de todas las adversidades. Es, desde luego, todo un ejemplo de lucha. Las sesiones de rehabilitación fueron duras, hacerse a la idea de que le faltaba una pierna sin haber cumplido los 30 años, más, pero fue precisamente donde no lo esperaba, donde encontró escollos para recuperar la normalidad (lo más posible) a su vida. “Lo fuerte de toda esta historia es que haya estado pleiteando por querer incorporarme a trabajar, cuando la mayoría lo hacen por lo contrario”.

Y es que Rafael tuvo que demandar al Ministerio del Interior por denegarle su derecho a trabajar y obligarle a permanecer recluido en su casa hasta que “se le requiera” para el desempeño de alguna función. Tras un juicio que se celebró en la Audiencia Nacional el pasado mes de octubre, la resolución judicial ha sido favorable para Rafael. La magistrada del juzgado Central de lo Contencioso Administrativo número 5, Emilia Peraile, falló en una sentencia fechada a 24 de octubre que desestima el recurso de reposición por la que se acuerda “la no permanencia del Sr. Prieto en la situación de segunda actividad por insuficiencia de aptitudes psicofísicas y se dispone la incoación del expediente de pase a la situación de jubilado por incapacidad permanente”. Así, según recoge la sentencia a la que ha tenido acceso este diario, la magistrada considera “que dicha resolución no se ajustada a Derecho y en consecuencia procede a anularla y acordar el inicio del expediente a fin de determinar las actividades que puede desarrollar el señor Prieto teniendo en cuenta la documentación médica obrante en las actuaciones”.

Aunque ahora todo son sonrisas y felicitaciones, el funcionario admite que lo ha pasado muy mal y que hubiera preferido no llegar hasta el punto de demandar a Interior pero asegura que no le han dejado otra opción.

La dura historia comenzó el 29 de septiembre de 2015. El agente salía de un gimnasio de Córdoba a eso de las 20:30 horas de la tarde cuando se dispuso a coger su moto para ir a buscar a su novia (que hoy es su mujer). De la forma más absurda, en una recta, colisionó con un turismo. El impacto con el parachoques del vehículo le seccionó la pierna izquierda a la altura de la rodilla antes de caer al suelo y perder el conocimiento. “Gracias a que en el atasco que se formó por el accidente había una enfermera que salió del coche y me hizo un torniquete, no me desangré”, reconoce. La ambulancia llegó y le trasladaron de urgencias al hospital Reina Sofía de Córdoba. “Iba casi para donar los órganos”, dice para explicar lo delicado de su estado. Porque, además de la amputación de la pierna izquierda (Amputación supracondilea fémur izquierdo), Rafael sufrió un fuerte traumatismo encefálico, fractura de tibia y peroné de la pierna derecha y un profundo corte del hombro al codo que le provocó rutura de ligamentos del brazo derecho. Pero Rafael no recuerda nada de eso. “En mi memoria sólo quedó registrado desde que cogí la moto y ya cuando me desperté en el hospital, no recuerdo nada de cómo fue el accidente”. El joven, que entonces sólo tenía 28 años, comenzó a acostumbrarse a vivir con una prótesis biónica a la que se adaptó perfectamente. “Me desperté a los cinco días y gracias a mi mujer, que me lo explicó muy bien, lo asimilé pronto”, recuerda. “No has perdido una pierna, has salvado la vida”, le dijo. Y era cierto. Pero claro. No todos se lo tomarían como lo hizo él. Tras 16 días ingresado, le dieron el alta. Su mujer, que es enfermera y ha sido su gran apoyo, le hacía las curas. Al año ya pidió el alta y comenzaron, como él dice sus “dos luchas”. La física y la de querer trabajar. Solicitó reincorporarse y desde la División de Personal le contestaron que su caso no conllevaba la jubilación pero sí la segunda actividad. Pero él tenía claro que quería trabajar. “Es mi derecho”, ha repetido siempre. Y es que, cuando la mayoría de la gente en su situación aceptaría de buena gana cobrar sin trabajar, Rafa ha peleado justo pro lo contrario. “No saben el daño que pueden hacer al decirte: “no, tú ya no vales”. Le decían que no podía desempeñar ningún puesto “pero sí en cualquier otra profesión u oficio”, a go que indignaba aún más a este oficial, con vocación policial a prueba de fuego. Al menos 15 o 20 puestos del catálogo nombraba su abogado en cada recurso en los que Rafa podría perfectamente demostrar el buen policía que es. Afortunadamente, ahora tendrá oportunidad. La semana que viene finaliza el plazo para que Interior pueda presentar recurso. En cuanto sea firme, deberá pasar el tribunal y decirle los puestos que hay en la comisaría de Córdoba. Aunque él insiste en que se adapta a todo, le gustarían puestos de investigación, Participación Ciudadana para dar charlas, la sala del 091 o oficina de denuncias. Lo que sea, pero volver a ser policía.

Fuente: La Razón

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