El susto en la Crida de Covadonga Balaguer

El castillo lanzado desde la cima de las Torres de Serranos provocó escenas de pánico en la plaza dels Furs al caer sobre la multitud pavesas incandescentes

«En un instante me cambió la cara de alegría, fue una pena que un acto tan bonito quedara empañado por esta desgracia». A Covadonga Balaguer, Fallera Mayor de Valencia en 1989, y a María Montoro, Fallera Mayor Infantil, se les recuerdan porque protagonizaron uno de los reinados falleros más esplendorosos, pero también por el susto de la Crida, cuando pavesas incandescentes del castillo de fuegos artifiales que se lanzaa desde lo alto de las Torres de Serranos provocó un tumulto que se saldó con varios trajes quemados pero sin daños personales de importancia.


Aquel 26 de febrero Covachi, como se le conocía cariñosamente a esta ahora odontóloga, presidió la una Crida histórica. Fue la primera de una alcaldesa, entonces Clementina Ródenas, y la última celebrada de cara al interior de la ciudad: el balcón se instalaba sobre la plaza dels Furs. La tradición dictaba que, de forma parecida a lo que ocurre hoy en día, se dispare un espectáculo pirotécnico para celebrar el comienzo de las fallas. Las carcasas de Pirotecnia Brunchú cayeron, con mala fortuna, sobre las miles de personas que abarrotaban la plaza. Se vivieron momentos de pánico de los que Covadonga, como comenta en la obra «Falleras Mayores de Valencia» del ayuntamiento, no se dio cuenta al principio. «No me enteré de nada, sólo oía que me decían los vicepresidentes: ‘Covachi saluda, Covachi saluda’». explica la Fallera Mayor de 1989, que asegura que pronto se dio cuenta de lo que ocurría: «Vi todo el lío, a la gente corriendo, a mí me sacaron rápidamente por las escaleras y así fuimos a la Virgen». «Me llevé un disgusto enorme», explica.

La caída de los restos pirotécnicos sobre la multitud inmóvil quemaron trajes y manteletas, pero no hubo que lamentar daños personales de importancia. La Junta Central Fallera tomó entonces la decisión de cambiar la orientación del acto: si es una invitación a visitar Valencia en Fallas, qué mejor que hacerlo «de murallas para fuera». Así las cosas, cuando María José Oliver y Belén Medina presidieron el acto en 1990 no lo hicieron desde el balcón gótico que da a la plaza interior, sino desde un andamiaje de cara al cauce del Turia, algo que ocurre así desde entonces y hasta el día de hoy.

Se modificó también el punto desde el que se lanzaba el castillo de fuegos artificiales. Ahora, la pirotecnia encargada de amenizar con el espectáculo de luces y pólvora la Crida habría de montar el dispositivo, como así ha sido desde entonces, en el viejo cauce del río Turia. La calle del Conde de Trénor y el puente de los Serranos peatonal, además, desde 2012 permiten que mucha más gente, ocho mil según las estimaciones del año pasado, se congregue, sin riesgo, para ver la Crida.