Los sepulcros de la Catedral de Valencia

Seguro que casi todos los que hayáis visitado en alguna ocasión la Catedral de Valencia, os habréis preguntado a quien pertenecen los sepulcros que se encuentran en el pasadizo que da acceso a la capilla del Santo Cáliz. Estos sepulcros góticos fueron enterrados en una zanja durante el neoclasicismo, y recuperados durante unas obras realizadas en el actual museo catedralicio, Este primer post está dedicado al primero de estos sepulcros, el del arcediano de la Catedral Pere d’Orriols.

Quien haya visitado en alguna ocasión la Catedral de Valencia, seguramente se habrá
preguntado alguna vez  sorprendido, a quién pertenecen  los cuatro sepulcros
que se encuentran en el banco adosado al muro izquierdo de la lonja o pasillo que lleva hasta la Capilla del Santo Cáliz,
la antigua Sala Capitular.
 
Yes que estos cuatro sepulcros (antes fueron cinco), no llevan precisamente allí
cuatro días. ¿Y porqué se encuentran allí?, pues muy sencillo. Parece ser que
fue el neoclasicismo quien los desterró a una zanja, pensando que no eran más
que un estorbo inútil a sus propósitos, un caduco vestigio de nuestro pasado
gótico, y un escollo para poder continuar “embelleciendo” nuestra querida Catedral.
 

 Estos sepulcros, unos en mejores condiciones que otros, fueron apareciendo al hacer
obra en lo que actualmente es el Museo Catedralicio,  museo creado 
por el arzobispo de Valencia Marcelino Olaechea en el año 1966. 

 
En este y próximos artículos, vamos a intentar averiguar su identidad, tarea como veremos nada fácil, pero tarea y esfuerzo
que se  merecen los que un día fueron
desterrados de nuestra historia, y que como no podría de otra forma, han vuelto
a ella.
 
Esperemos que algún día estos cuatro sepulcros consigan descansar en el lugar
en el que deberían hacerlo, al igual que ocurrió con el del obispo  Vidal de Blanes.
 
Sepulcros en el pasadizo de la Capilla del Santo Cáliz.

 
El  sepulcro de Pere d’Orriols.
 
 
El primero de los sepulcros que nos encontramos 
al entrar en la esplendida lonja 
que conduce a la antigua aula capitular es el atribuido al canónigo y
arcediano de la Catedral de Valencia Pere d’Orriols.
 
Desde luego nadie puede negar hoy en día que Pere d’ Orriols fue uno de los
personajes más influyentes en los círculos de poder de la Valencia de su época.
Tan solo tenemos que repasar los cargos y títulos que ostentó:  tesorero de Alfonso I ( marqués de Villena y
duque de Gandía), de quien fue albacea testamentario junto al presbítero
Francesc Daries y el noble y jurado de Valencia Gener de Rabassa; fue canónigo
de la catedral de Valencia y arcediano de Moya, gozó de los privilegios y
favores de Pedro IV y Juan I; señor de la alquería de Sant Bernat de Rascanya,
alquería que dejó en testamento al monasterio se Sant Jeroni de Cotalba. A todo
esto debemos añadir la buena relación que mantenía con Jaume d’ Aragó, obispo
de Valencia entre los años 1369 y 1396, sucesor de Vidal de Blanes y hermano de
Alfonso I.
 
Pero no en todo momento le sonrió la  suerte a
Pere d´ Orriols. El 3 de abril de 1367, durante la batalla de Nájera, el futuro
arcediano de la catedral valenciana caía prisionero de los ingleses junto al
marqués de Villena y varios caballeros castellanos, franceses y aragoneses, tal
y como podemos leer en el manuscrito MR 9.599 que se encuentra en el Archivo
del Reino de Valencia, folio 143 …En Pere d’Orriols, tresorer, perd lo
compte del any MLXVI en la batalla de Nagera on fo pres…”
 
Pere d’Orriols no  alcanzó el Arcedianato  Mayor de la Catedral hasta el 20 de noviembre
de 1391, posesión que tomó ante el notario Bononat Monar. Curiosamente Bononat
Monar murió al día siguiente, por lo que finalmente el cargo fue otorgado por
Berenguer Camps (Pergamino 4952 del Archivo de la Catedral de Valencia).
 
Como es de suponer, Pere d’ Orriols  utilizó
todas sus influencias y poder para ser enterrado en uno de los lugares
preferentes de la catedral. Así en el año 1384, incluso antes de ser arcediano,
propuso al capítulo catedralicio ser enterrado en el interior del coro a cambio
de costear la sustitución de  las sillas
de este, de pino y bastante deterioradas, por otras de madera de nogal y
naranjo. Para ello ofreció al Cabildo cinco mil florines de Aragón, depositando
dos mil florines en la caja de la catedral como fianza. 
 
Además de la construcción de su sepulcro en
uno de los principales lugares de la Catedral, Pere d’Orriols pidió se
celebraran varias misas y aniversarios en su honor, así como la colocación de
varios escudos heráldicos en algunos lugares del coro.
 
Por desgracia nada sabemos de  la sillería
sufragada por d’ Orriols, ya que esta fue sustituida  por otra realizada entre 1594 y  1604 por el carpintero Domingo Fernández de
Ayarza.
 
Tampoco sabemos si el  ofrecimiento de ser
enterrado en tal privilegiado lugar fue rechazado, ya que allí se
encontraba  enterrado  Jaime III de Mallorca, quien fue sepultado en
ese lugar por orden expresa de Pedro el Ceremonioso, para de este modo, evitar
que sus partidarios mallorquines pudieran rendirle homenaje.
 
De todos modos y como recordatorio, en su testamento otorgado el 3 de abril de
1395, volvía a transmitir su petición al capítulo catedralicio:
 
“Eteligo sepulturam meam in chroro sedis Valentie in illo loco in quo jam mihi per
Reverendissimum Dominum Cardinalem tunc Episcopum et capitulum sedis sepultura
extilit assignata…”
 
Por si esto no fuera del todo posible, el Arcediano Mayor de la Catedral dejaba la
posibilidad de que fuera enterrado “…in tumulo sive carnerio en la
capella de Santa Bàrbara”
,
capilla hoy desaparecida  y que se encontraba en el en el lado  izquierdo de la Epístola de la nave crucera.
 
Pero Pere d’ Orriols no solo dejó escrito donde quería ser enterrado, sino que dijo
como quería que fuera su última morada
“…faciant fieri in lapide que est
supra sepulturam meam in dicto choro sculpturam 
sive effigiem presbiteri induti ad instar presbiteri celebrantis missam
et in quolibet angulo lapidis supradicti unum signum meum ita quod sint quatuor
signa.”
es decir, pedía a sus albaceas que hiciesen esculpir su
efigie yacente como un sacerdote celebrando misa, además de su heráldica.
 

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