Muere en Valencia a la edad de 56 años, El Cid

Tal día como hoy del año 1099, murió en Valencia a la edad de 56 años, El Cid, Rodrigo Díaz de Vivar.

En este relato sobre la noticia de su muerte, no entraremos en disquisiciones sobre verdades, bulos y leyendas del personaje, nos limitaremos a hacer una pequeña reseña sobre los avatares de su muerte y distintas tumbas en las que, en un momento u otro, reposaron sus restos.

Nació en 1048 en el seno de una familia noble de Vivar, pueblo al norte de la provincia de Burgos.

Cid: del árabe dialectal “Sïd”, Señor, Caballero. Campeador: del latín “Campus Doctor”, vencedor de batallas.

Sobre su muerte, no se conoce documento que nos hable de enfermedad alguna, aunque destaca un testimonio del moro Ben Abduz, quien dijo:

“En fin, las cosas de este mundo se pasan muy presto, y el corazón me dice que no durará mucho la premia en que nos tienen los cristianos, porque el Cid anda ya hacia el cabo de sus días, y después de su muerte, los que quedemos con vida, seremos señores de nuestra ciudad”

Sí se tiene constancia de que una herida, que le produjo una flecha de ballesta en el segundo asedio a Albarracín (Teruel), le hizo pasar varios meses guardando reposo en la localidad de Daroca (Teruel) curándose de las fiebres que le ocasionó la herida.

El primer enterramiento de El Cid fue en la Catedral de Valencia, pero cuando su esposa Jimena salió de la ciudad después de ser conquistada por los moros, ordenó que los restos de El Cid fueran trasladados al Monasterio de San Pedro de Cardeña, una abadía trapense situada en el término municipal de Castrillo del Val, a 10 km del centro de Burgos .

Allí reposarían, hasta que en el año 1809 fueron profanados por los franceses. El intelectual francés Vivant Denon, que viajaba con el ejército galo, pudo recuperar los huesos y devolverlos al mausoleo. Pero el barón Paul Thiébault, un mariscal que estaba de gobernador en Castilla la Vieja, cuando se enteró de lo sucedido ordenó que se recogieran de nuevo los restos de El Cid y de doña Jimena y se llevaran a otro lugar ya que el mausoleo había quedado en muy mal estado tras el saqueo.

El baron Thiébault los guardó debajo de su cama hasta que construyó un monumento fúnebre en el Paseo del Espolón de Burgos, a orillas del río Arlanzón, que se inauguró el 19 de abril de 1809. Alrededor del monumento plantó árboles y colocó bancos, que duraron muy poco, hasta que los españoles expulsaron a los franceses de la zona.

Parte de los restos del Cid y su esposa, durante ese traslado al nuevo mausoleo, fueron robados y regalados más tarde al príncipe de Hohenzollern que los guardó en su gabinete de curiosidades del castillo de Sigmaringen.

En 1816 los restos se devolverán al Monasterio, hasta la desamortización de 1824, en que fueron trasladaron a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos. Se tenía constancia de que faltaban gran parte de ellos, la mayoría de don Rodrigo.

En 1882, la casa Hohenzollen entregó los restos óseos que tenía en su colección. Esta entrega se realizó durante un acto que presidió el rey Alfonso XII.

En 1921, por fin, se depositaron junto a los restos de su esposa Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos. El epitafio de la tumba final, redactado en latín por Ramón Menéndez Pidal dice:

RODRIGO DIAZ, CAMPEADOR MUERTO EN VALENCIA el año 1099

A todos alcanza honra por el que en buena hora nació.

JIMENA, SU ESPOSA, HIJA DE DIEGO, CONDE DE OVIEDO, NACIDA DE ESTIRPE REAL.

Por cierto… el caballo, Babieca, tiene su tumba en el Monasterio de Cardeña.

En las imágenes vemos la tumba vacía de Rodrigo y doña Jimena en San Pedro de Cardeña; diseño inicial del monumento funerario al Cid en el Espolón erigido por los franceses en el año 1809; carroza en la que el príncipe de Hohenzollern entregó a Burgos los restos del Cid en el año 1883, tumba de Babieca en San Pedro de Cardeña y, por último, la tumba del Cid y doña Jimena en la Catedral de Burgos.

Jesús Moya Casado

Jesús Moya Casado es apreciado autor y colaborador de la web cultural del pueblo de Chert y con sus interesantes artículos epistolares presentes en la red de Internet, ayuda a engrandecer las olvidadas tierras del Maestrazgo, sus gentes y sus costumbres, acreditando con su contribución, el aprecio que siente por nuestro pueblo y permitiendo deleitarse con la gratificante lectura de sus escritos:

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