«Solo recuerdo silencio y cuerpos sin vida»

El fatídico día 17 de agosto acabó con 16 muertos en Barcelona y Cambrils, en un atentado yihadista en el que los Bomberos de la capital catalana tuvieron una actitud y un papel clave. Fue la tarde más trágica que se recuerda en La Rambla.

Un jefe de Unidad de los Bomberos de Barcelona, Rafael Álvarez, explicó a este diario que esa semana «estaba en un cargo importante dentro del cuerpo, máximo responsable de intervención, y recibí una llamada sobre las 17.00 horas por el atentado. Quise saber si iba en serio, pero por el tono de voz ya noté que sí, cogí el coche, pero estaba todo colapsado». Se refiere al caos que se vivió durante esas horas en la ciudad, sobre todo en el centro.

Evidentemente, el panorama en el emblemático paseo barcelonés era dantesco y trágico. Álvarez señala que «se montó un hospital de campaña, todo el mundo participó, y fue la primera situación con la que me encontré». «Había mucha gente evacuada, se estaba trasladando a los heridos. Hicimos otro hospital de campaña, y lo adecuamos a la tipología de los heridos. Era una situación muy de caos. Nos coordinamos con los Mossos d’Esquadra. Nos dedicamos a proteger el entorno, estar pendientes de cualquier situación que pudiera aparecer». Añade que «en estos casos, se cruzan muchos pensamientos por la mente de una persona que interviene en las tareas de ayuda de las víctimas. En este caso, por ejemplo, Álvarez explica que «cuando estaba ahí, lo que pensaba es lo que podía sentir la gente, también la formación que tenemos, los parámetros de intervención». «Ya hacía años que estábamos en el nivel 4–5 de alerta terrorista», recuerda.

«Lo primero que tenemos que hacer es socorrer a la gente, y hubo una evacuación de la zona para proteger a los supervivientes de otros posibles ataques. No estamos programados, los Bomberos de Barcelona, para no atender a una persona, pero nos falta formación para hacer frente al terrorismo yihadista.

Aparte del citado primer momento, el del viaje en coche aún con la incógnita de lo que iba a encontrarse, Álvarez guarda en su memoria otros momentos de ese fatídico día. Por ejemplo, siempre en sus propias palabras, la mutación de La Rambla de un paseo lleno de gente a un escenario de confusión, gritos, lamentos, sufrimiento y socorro, pero también de ayuda y solidaridad.

La siguiente escena fue la evacuación del paseo y su aislamiento del resto de la ciudad. Se realizaron los traslados sanitarios mientras la zona quedó acordonada. «Lo que noté era silencio, vacío, y cuerpos sin vida en el pavimento», recordó el bombero.

La tarde fue avanzando y se hizo de noche. Recuerda Álvarez que toda la gente confinada en los locales del paseo pudo salir y marchar de la zona. «De madrugada comenzaron a llegar grupos silenciosos de gente, la mayoría de ellos turistas dirigiéndose a sus hoteles». El siguiente momento es que el «estrés fue dejando paso a una enorme tristeza».

El último «flash» que recuerda Álvarez es que «repasas cómo ha ido todo y ya piensas en posibles líneas de mejora. Piensas en la gente. Piensas en los dos bomberos en prácticas que se han encontrado con su primer servicio importante. Piensas que ningún mar en calma hizo experto a un marinero». Añade el responsable de los Bomberos de Barcelona que «lo primero fue la configuración de la propia emergencia, aunque había un espacio en el que no podíamos entrar. Atendimos a 29 heridos. Luego, la cuestión fue más de logística, y creo que hubo buena coordinación». Ahora, se enfrenta al primer aniversario del terrible ataque.

¿De quién hablamos?

Los Bomberos son un cuerpo que goza de una gran consideración por parte de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Sin lugar a dudas, tuvieron un papel más que destacado en los atentados yihadistas de los que ahora se cumplirán un año. Uno de los jefes de la unidad del cuerpo, Rafael Álvarez, explica a LA RAZÓN cómo vivió las horas en las que se convirtió en un auténtico ángel de la guarda, junto a sus compañeros, mientras atendían a docenas de víctimas en La Rambla de Barcelona.

Fuente: La Razón

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