Un romance popular valenciano que invita a repensar y reexpresar la teología

Plantea un debate de corte teológico sobre el excesivo poder sobrenatural que desde lo humano se quiere atribuir al santoral de la Iglesia Católica


Un romance “religioso-popular” valenciano, el de Sant Antoni de Gavarda, plantea, queriéndolo o no, de forma permanente una reflexión y debate de corte teológico sobre el excesivo poder sobrenatural que desde lo estrictamente humano a veces se quiere atribuir al santoral de la Iglesia Católica, como una manera de quitarnos el común de los mortales los problemas de encima y trasladarlos a otros.

El musicólogo Salvador Seguí y la folklorista Rosa Bartual, cada uno por su parte dedicados ambos a sacar de los arcones de la desmemoria nuestro folklore, se lo encontraron en sus andaduras recopilatorias por los pueblos y lo enhebraron a los pentagramas y cancioneros. Serían Els Pavesos con Joan Monleón quienes en la década de los 70 lo reverdecerían y actualizarían haciéndolo más popular. Actualmente, el abanderado de popular romance es s Pep Gimeno “Botifarra”, que lo pasea por los escenarios de todo el territorio patrio.

No hay muchos romances en valenciano, como tampoco estudiosos de ellos. Uno de ellos, incansable y fecundo estudioso de lo nuestro, es Antonio Atienza Peñarrocha, quien clasifica el advocado a Sant Antoni de Gavarda como romance humorístico religioso autóctono y lo describe como una composición que interpola las estrofas de cuatro versos de ocho sílabas con otros cuatro de cinco sílabas para romper la monotonía del romance dramático y darle mayor ritmo dinámico.

Dice Atienza que “el romance ridiculiza la excesiva creencia en el poder curatorio de los santos”, término que puede escandalizar, pero que no está exento de base, sobre todo científica. Más bien creo que la sabiduría popular, que reside en refranes y romances, ironiza fina y amablemente de la fuerte carga cultural religiosa medieval teocéntrica que hemos heredado y sigue vigente en nuestra sociedad, la cual no hemos depurado ni actualizado, dejándola en sus justos términos. La misma Iglesia en sus oraciones actuales, por ejemplo, pide a Dios para que acabe con el hambre en el mundo, cuando es obligación más bien nos compete al resto de los humanos saciados. Le transferimos indebidamente que haga lo que no hace nuestra capacidad y solidaridad.

El sant Antoni de Gavarda Es un romance “religioso”, para nada beatífico, cuyo protagonista principal es sant Antoni, el del Porquet. Es una canción emanada del pueblo, en la que manda el sentir popular, ajeno a censuras, puritanismos psicóticos, narrada in lingua plana, tono divertido y jocoso, realista y concordante con lo teológico, donde se le quita el demasiado trabajo, obligaciones y responsabilidades que encomendamos al santo, haciendo ver que hay cosas que sí es competencia de los terrestres hacer.

No es un romance contra el santo, ni hecho en su burla o mofa, porque es un santo muy querido, muy popular, un santo fraguado en nuestros pueblos en el esplendor de la Corona de Aragón. Más bien es una invitación a la reflexión teológica y debate general entre los creyentes por lo que concierne a la fe que se enseña y vive, necesitada de repensar y reexpresar.

El romance lo encontramos muy extendido por toda La Ribera y La Costera, comarcas festeras por excelencia, no solo de Gavarda o de Antella, con variaciones sobreel mismo tema según el lugar donde se cante.

Esta sería una versión bastante aproximada a la que debió ser troncal y original:

Sant Antoni de Gavarda/ feu un miracle en Antella,/ una agüela caigué a un riu,
i si no la trauen s’ofega./ Carretera amunt anava,/ un carró molt carregat,/ els animals no estiraven,/ i el carro es queda estancat./ -Sant Antonio, Sant Antoni,/ tragueu-me d’ací./ I si no anaren homes,/ encara estava allí./ Un xiquet anava a l’escola,/ i feia un aire molt fort,/ li va caure una rajola/ i el va deixar quasi mort./ Sa mare plorant,/ s’aclamava al sant,/ i el pobre xiquet/ és mort a l’instant./ Una xiqueta es queixava,/ de molt mal al queixal,/ a Sant Antoni aclamava:/ -Arregleu-me este mal!/ El Sant miraculós,/ un gran miracle fa,/ i li tira per terra/ tota la bancà./ Un tort i un coix anaren,/ la salut a demanar, el tort ja gens no s’hi veu/ i el coix ja no pot anar!/ -Pare Sant Antoni!/ No mos doneu més,/ que si tant doneu/ no ens deixareu res.”