«Abrazos», «palmaditas» y «gran alegría» horas después del 17-A

Un informe de Instituciones Penitenciarias sobre la reacción de dos de los supuestos integrantes del «Frente de Cárceles» yihadista tras los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto del pasado año recoge los «abrazos, palmaditas y aparentemente gran alegría» con la que se saludaron el día después de los ataques en el patio de la prisión de Castellón. Según consta en el informe de la Guardia Civil que impulsó la operación judicial contra sus 26 miembros, repartidos por 17 cárceles españolas, Mohamed el Gharbi, uno de los presuntos «dinamizadores» de esa red (que hoy declarar por estos hechos ante el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz) se encontraba «inquieto» la mañana del 17-A e «hizo tres llamadas a uno de sus hermanos». Según comentó al día siguiente, «trabaja en la zona de Barcelona y no sabía nada de él».

El Gharbi fue condenado a ocho años de cárcel por su pertenencia a una red yihadista afincada en Tarrasa (Barcelona), desarticulada en la «operación Caronte», que planeaba atentar contra el Parlament y «decapitar» infieles.

Otro integrante de esa red, Lahcen Zamzami, condenado a doce años de prisión como dirigente de esa misma célula, «se mostró muy alterado en todo momento» porque su mujer y sus dos hijos menores se encontraban en el aeropuerto de El Prat para coger un vuelo a Marruecos y «tenía miedo a que la Policía los detuviera». Los funcionarios le dijeron «que era curioso que se indignara por eso después de trece muertos y más de 100 heridos» y ante ese comentario «se irritó aún más y empezó a lanzar acusaciones contra la Justicia y la Policía española».

Al día siguiente de los atentados, y tras haber podido contactar con sus familias y saber que estaban bien, no salieron al patio y sobre las cinco de la tarde «se les vio rezar en sus celdas con sus mejores ropas árabes». Un día después «sí salieron al patio y se saludan con abrazos, palmaditas y aparentemente gran alegría».

Dos años antes, tras los atentados de París de noviembre de 2015 en la sala Bataclán, donde murieron 130 personas en un ataque yihadista, Instituciones Penitenciarias resalta en otro informe que el mismo día de los ataques, al salir del patio de la prisión de Castellón para ir a su celda, un interno le dijo a un funcionario de aislamiento que Zamzami «está loco, es una bomba de relojería», momento en el que El Gharbi «le empuja y le dice que se calle». Este preso –a quien El Gharbi llegó a agredir propinándole un puñetazo en el ojo en julio de 2016– asegura que ambos «son unos radicales» y que el primero «le pica la pared cuando escucha la televisión o le recrimina que lleve camisetas sin mangas o bermudas». Los dos querían, explicó a los funcionarios, radicalizarle y le atacaban por escuchar música, fumar o no respetar escrupulosamente el Ramadán.

Tras el atentado en Manchester en el que murieron 22 personas en un concierto de Ariadna Grande en mayo del pasado año, otro de los supuestos líderes del «Frente de Cárceles» islamista, Karim Abdeselam Mohamed, «Marquitos» –condenado a doce años de prisión como dirigente de la primera célula española del Daesh, radicada en Ceuta– discutió con un interno natural de esa localidad británica. Según el informe del centro penitenciario de Castellón, «Marquitos» defendía «la necesidad de oponer atentados terroristas contra los permanentes ataques militares de los Estados Unidos y Reino Unido contra la población árabe». La dirección del centro destaca en un posterior informe que sigue mostrando «un comportamiento altamente radicalizado» y hacen hincapié en que «ha recrudecido su discurso de odio hacia Instituciones Penitenciarias», tildando de «perros enemigos del islam» a los funcionarios.

Ese discurso de justificación de los atentados del Daesh es plenamente asumido por el supuesto líder de la red carcelaria, «Mohamed Achraf», quien en una entrevista con el psicólogo del centro dejó claro que su visión de los atentados «es que ellos se defienden» e incluso «él se incluye entre los miembros del Daesh».

Fuente: La Razón

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