Asesinato de Gregorio Ordóñez: «Por ti, Goyo»

Durante estas últimas semanas he estado leyendo muchos mensajes y comentarios en redes sociales sobre mi hermano Goyo. Todos me han emocionado, pero hubo uno que me llegó de forma especial. Una persona que apenas tenía una un mes de vida cuando ETA asesinó a Goyo, y que es de un pueblo del interior de Guipúzcoa, me dijo que «se acordaba mucho de él y le echaba muchísimo de menos». También me reconoció, con vergüenza, cómo hace poco se encontró por la calle con uno de los terroristas más sanguinarios de ETA y no se atrevió a contárselo a nadie, ni a comentar nada, por miedo. Me sobrecogió. Me hizo darme cuenta de hasta dónde llega tu legado, Goyo, y de lo necesario que es hoy seguir manteniéndolo vivo. Me dio fuerzas para seguir haciéndolo.
Por ti, Goyo, continuaré recordando todos los días a todas las víctimas de todos los terrorismos. Seguiré defendiendo sus derechos y trabajando para que el poder de la estigmatización de la víctima del terrorismo –especialmente de las de ETA en el País Vasco y en Navarra– no se imponga. Continuaré desenmascarando las mentiras de los terroristas de ETA y del entorno político y social que los respalda. Proseguiré denunciando su perverso trueque de responsabilidades, como diría Maite Pagaza: los asesinos no son víctimas, aunque procuren convencer de ello a los demás. Las víctimas no son fascistas, ni asesinas, ni chivatas, ni merecían ser perseguidas, heridas, secuestradas, extorsionadas ni asesinadas. Los que acosan y mienten a partes iguales son los terroristas y quienes son complacientes con ellos, quienes callan y ceden ante sus chantajes.
Una vez dijiste que lo único que hay que negociar con los asesinos de ETA es «el color de los barrotes de sus celdas». Qué diferente habría sido el rumbo de la Historia si los políticos de este país, de todos los signos, hubieran seguido tu estela.
Por ti, Goyo, seguiré evidenciando que ETA no ha sido derrotada por el Estado de derecho, como nos quieren hacer creer. Las esencias de la banda terrorista siguen hoy inamovibles. Los pistoleros habrán podido deponer las armas, pero no han renunciado a sus ideas, que defienden desde las instituciones. Siguen pensando que matar fue designio histórico y que fueron los elegidos para perpetrar una hazaña heroica. Por eso no han pedido perdón por matarte, ni por matar a la mayoría de sus víctimas.
Quienes ordenaron tu asesinato nos acusan hoy a las víctimas de ser un estorbo para la paz y la convivencia. Siguen hablando de injusticias cuando hay más crímenes de ETA sin resolver que terroristas en prisión.
Por ti, Goyo, no me resignaré a que se haga justicia social, judicial e histórica a las víctimas del terrorismo. Seguiré negándome a aceptar la falsa paz de los cementerios en la que impera el silencio sobre el pasado y el falseamiento del relato. Seguiré recordando que las únicas personas que han dejado de practicar la convivencia son las víctimas a las que ETA mató. Las demás hemos seguido conviviendo porque, incluso con nuestros familiares muertos encima de la mesa, nunca hemos querido acabar con el otro ni expulsarlo de la sociedad. Quienes tienen lecciones de convivencia por aprender son quienes en algún momento de sus vidas han querido destruirla.
Seguirá siendo necesario recordarte siempre, Goyo, pero sobre todo mientras haya quien evite condenar el terrorismo y admitir su parte de responsabilidad en la historia criminal de ETA. Mientras una parte de los ciudadanos continúe legitimando el terrorismo etarra y tanto los herederos políticos de los pistoleros como sus ideólogos estén sentados en las instituciones. Mientras no se marque una línea divisoria clara entre quienes han defendido el Estado de Derecho y quienes han intentado destruirlo. Mientras no haya una distinción entre vencedores y vencidos y las víctimas seamos parte de los vencedores. Mientras la intimidación y el miedo no hayan desaparecido por completo en el País Vaco y en Navarra.
Por ti, Goyo, seguiré librando todas y cada una de las batallas pendientes que me toque dar por defender la dignidad de todos. Reivindicaré tu rebeldía, tu lucidez, tu capacidad de trabajo, tu entrega para hacer política para todos los vascos, tu entusiasmo, tu energía, tu arrojo para plantar cara a los violentos y para luchar contra la tiranía del nacionalismo imperante y gobernante. Pero, sobre todo, reivindicaré tu decencia. Hoy es más necesario que nunca hacerlo. Te prometo, Goyo, que mantendré viva tu memoria siempre.

Fuente: La Razón

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