Así vivieron el asalto los guardias civiles de Ceuta: «Es imposible defender la frontera»

«En todos los años que llevo de servicio jamás me he enfrentado a algo así». Quien habla es uno de los agentes de la Guardia Civil que la pasada madrugada del 26 de julio vio como un millar de migrantes se dirigía en masa y en actitud violenta hacia el perímetro fronterizo de Ceuta. Corrían las 06:35 cuando un primer grupo se abalanzó protegido entre cartones. Pocos metros atrás, otro centenar se organizaba para utilizar el arsenal preparado: radiales, cizallas, lanzallamas, bolas de heces y cal viva. «Si eso no es agresividad, que venga Dios y lo vea», asegura otra de las fuentes consultadas por LA RAZÓN. «Nadie ha dado órdenes de utilizar los medios más efectivos que tenemos. Así, es imposible defender la frontera».

El intento se saldó, finalmente, con el acceso de 602 personas. La mayoría de ellas cubierta con gafas, máscaras y escudos fabricados artesanalmente para evitar cualquier daño de las concertinas y reducir la respuesta de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. «Si no podemos utilizar más medios, esto se va a volver a repetir. Creo que ya ha quedado más que claro que esto nos supera», cuenta este mismo agente, que reconoce que únicamente se valieron de un «spray» y una defensa de goma. «Hubo compañeros que estuvieron rodeados por diez inmigrantes».

Por este motivo, desde la Unión de Guardias Civiles (UGC) subrayan el riesgo alto al que se enfrentan los agentes destinados en el perímetro fronterizo, pues las propias mafias conocen la prohibición que tienen de utilizar cualquier material de contención. «En especial, tras las muertes de varias personas por disparos de pelotas de goma, en febrero del pasado año 2014».

La entrada, reconocen, estaba «perfectamente organizada»: primero, los que abrían camino; después, los que portaban los artefactos, y por último, los que se disponían a saltar. «Lanzaban botes que olían fatal. Según nos han comentado hoy, eran heces acumuladas durante varios días. Imagínate lo que eso supone. A nuestro capitán le tiraron uno y estuvo vomitando un buen rato», recuerdan. Sin embargo, fue la cal viva la que dejó a varios agentes inmovilizados y con «serios daños». Desde la Comandancia de la Guardia Civil en la ciudad autónoma aseguran que el número de agentes afectados es de 15, a los que hay que sumar otros 5 de especial gravedad y que requirieron «tratamientos más específicos».

Una vez dentro, los centenares de inmigrantes comenzaron a recorrer las calles de Ceuta, exhibiendo banderas de España y haciendo alarde de su entrada. Gritos y euforia tomaron la delantera en su carrera hacia el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), su único objetivo. «Estamos bajo mínimos», explicó ayer la delegado del Gobierno en Ceuta Salvadora Mateos, que culpó de la situación a la «relajación y falta de anticipación del Gobierno anterior». Además, insistió en la necesidad de reforzar las plantillas de Policía Nacional y Guardia Civil, así como de contar con un helicóptero de visión nocturna. Éste, no obstante, llegó el jueves por la noche y tendrá su base permanente en la ciudad.

La misma noche, la Policía marroquí «empleó todos sus medios para frenar este movimiento», pero «hay bastante presión». Por este motivo, el portavoz del Gobierno en la ciudad, Jacob Hachuel, pidió también antes de ayer que «se tomen medidas para que esto no vuelva a ocurrir», pues la ciudad «no puede convertirse en un megacampamento». «Cuando ocurren estas cosas hay que tener cierta comprensión y aprender de lo que ha ocurrido para ponerle remedio», concluyó. «La valla se ha violentado por varios puntos y nuestras Fuerzas de Seguridad se vieron sobrepasadas, probablemente como las de Marruecos». Mientras tanto, los afectados sólo piden comprensión. «Sólo deciros a todos que no os olvidéis de nosotros», escribe un agente tras la odisea, en una misiva dirigida a Pedro Sánchez. «De nosotros, que siempre estamos ahí para todo».

Devoluciones en caliente

De los 800 inmigrantes que pretendían saltar la valla, sólo 602 lo consiguieron. El resto de personas sufrieron la práctica conocida como «devoluciones en caliente», según la cual es posible expulsar a un inmigrante interceptado en las vallas de Ceuta y Melilla siempre que sea en la frontera y no en territorio español. Esta disposición queda recogida en la Ley de Seguridad Ciudadana.

El actual ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, expuso en una entrevista en la Cadena Ser que «los inmigrantes no habían pisado suelo español, por lo que no podía hablarse de devoluciones en caliente».

Al respecto, el grupo parlamentario Izquierda Unida (IU) pidió explicaciones al Gobierno. La agrupación quiso recordar al Ejecutivo que existe un recurso de inconstitucionalidad sobre esta medida y que el propio Ejecutivo anunció su intención de derogarla. Su líder, Alberto Garzón, aseguró que se produjeron numerosas irregularidades durante el proceso, pues muchos de los inmigrantes ya se encontraban en suelo español.

Fernando Grande-Marlaska anunció planes para «cambiar las concertinas por medios menos cruentos», aunque aún no hay una fecha fijada para su eliminación.

Fuente: La Razón

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