Ciudadanos: tentaciones

Albert Rivera ve que, como dicen en mi pueblo, se le está pasando el arroz, que su proyecto para suplantar al Partido Popular emerge más como una ilusión que como una probabilidad. Quizá el PP no pueda volver a ser lo que fue antes de Ciudadanos, pero da la impresión de haber resistido con nota los últimos embates que podían dársele. A pesar de que el partido naranja no ha alcanzado las cotas esperadas, los resultados le colocan en una tesitura de privilegio para repartir el poder. Eso sí, con el inconveniente en importantes territorios de optar entre la racionalidad y los cantos de sirena monclovitas. Y no me refiero a la investidura de Pedro Sánchez –de eso ya se encargan el Ibex 35, la CEOE y otros fácticos– sino a determinados ayuntamientos y autonomías. Para ello debería recordar Albert Rivera el abrazo con Sánchez de las elecciones de 2015: le hizo perder ocho diputados en tan solo seis meses: pasó de 40 a 32. En ese tiempo, el Partido Popular de Mariano Rajoy pasó de 123 a 137 representantes en el Congreso. Una cosa es hacer el papel de bisagra como en Andalucía por la imposibilidad de formar un gobierno de centro derecha, y otra es optar por la izquierda cuando es posible configurar un ejecutivo entre partidos de derecha. Decir como el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, que tan inconstitucional es Bildu como Vox constituye una infamia. Uno se encuentra donde está con la base de casi mil muertos, los de la banda terrorista más cruel, al menos de Europa; y la otra, si algo tiene que ver con la muerte, el secuestro o la extorsión, son sus víctimas. No sé si viene a cuento, pero recuerdo bien a Emiliano Zapata cuando decía «perdono al que roba y al que mata, pero al que traiciona, nunca». Así es la vida.

Fuente;: La Razón

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