De la «pelu» de Forcadell al gym de Junqueras

En un ambiente menos caldeado de lo que se esperaba, con escasos incidentes reducidos a la ANC y un grupo de radicales de los CDR. Los presos soberanistas llegaron sin novedad a sus cárceles madrileñas, a donde accedieron con ciertos privilegios. Todos ellos, los varones en Soto del Real y las mujeres en Alcalá Meco, pasaron directamente sin ser cacheados al llamado módulo de respeto que cuenta con celdas individuales, peluquería, gimnasio y jardines. Según fuentes penitenciarias, las órdenes eran no mezclarse con otros internos comunes y evitar todo tipo de provocación. Las organizaciones independentistas no lograron algaradas masivas y los partidos políticos se limitarán a frases gruesas, altisonantes, un gran circo mediático y escenificar una calculada propaganda de cara al exterior. Como en la famosa obra de William Shakespeare llevada al cine, así lo definen varios dirigentes separatistas: «Mucho ruido y pocas nueces». Es decir, mucho alboroto, desafíos dialécticos pero sin que la sangre llegue al río. «Si unos están en la trena, otros no quieren pisarla», admiten estas fuentes. Es la tradicional hipocresía de los soberanistas.

Por supuesto, el espectáculo radical está servido, con las advertencias de Quim Torra para estar presente en el juicio, las soflamas de Carles Puigdemont desde su refugio en Waterloo, una cascada de amenazas contra la España opresora y agitación callejera. Pero en el fondo todos saben que el juicio contra el «procés» y las sentencias son ya inexorables. La Sala del Tribunal Supremo, presidida por el magistrado Manuel Marchena, ha diseñado una puesta en escena también de privilegio para acallar incidentes. Los dirigentes juzgados podrán sentarse tras sus abogados y no en el banquillo, se retransmitirán las sesiones por imagen directa y desfilarán más de 500 testigos. «Un plató de televisión en toda regla», afirman fuentes del Alto Tribunal. Ello permitirá «muchos numeritos», pero también la exposición pública de un juicio plenamente garantista. Se trata de combatir la propaganda separatista contra la España opresora y lo que los independentistas denuncian como un proceso injusto.

La vida de los independentistas instalados ya en las cárceles madrileñas no variará mucho de la que tenían en prisiones catalanas, con excepción de que las visitas familiares serán menores por la distancia y su traslado al Supremo durante los meses que dure el juicio. Todos ellos tienen permiso ilimitado de comunicación con sus abogados y fueron correctos a su llegada a los centros. El más tranquilo, según fuentes penitenciarias, el líder de ERC, Oriol Junqueras. Los más nerviosos, Raúl Romeva, Jordi Turull y Jordi Sánchez. Instalados en el módulo diez, dónde también están Rodrigo Rato y Luis Bárcenas, cenaron el menú establecido: puré de verduras, tortilla, fruta y yogur. Fiel a sus creencias religiosas, Junqueras tiene en la celda su Biblia en catalán y Carme Forcadell, coqueta ella, acudió a la peluquería antes de la cena. La vida en estos centros, modernos y con presos «Vip», es sosegada y sin conflictos. «El follón estará fuera», reconocen fuentes de ambas prisiones.

Aunque el hermetismo es enorme, lo cierto es que su estancia no difiere gran cosa de la mantenida en Cataluña. Con la lógica inquietud, eso sí, del juicio que comenzará el 12 de febrero y que se prevé agitado política y mediáticamente. Todos permanecen en celdas individuales dado el gran espacio de estos módulos de respeto, que bien conocen de su anterior estancia. Una televisión y cuartos de baño propios, con instalaciones deportivas y diversos talleres de trabajo, complementanunas habitaciones en las que, nada más llegar, estrenaron sábanas, colchón y ropa de aseo, tras un breve reconocimiento médico. Se les permite una tarjeta de crédito para el economato y ciertas horas para llamar a sus familiares. Entre los hombres, Jordi Turull es quien menos habla, aunque sí escribió una carta a algunos medios soberanistas, y de las mujeres Forcadell es la más activa. De la peluquería, pasó un rato al gimnasio antes de cenar y retirarse a su celda. Los reclusos de estos módulos pueden hablar entre ellos bajo una muy discreta vigilancia de los funcionarios.

El líder de Esquerra Republicana es un presidiario místico, sabido es su carácter de fervoroso creyente y buen conocedor de lecturas religiosas e historia vaticanista. Le gusta leer todas las noches textos bíblicos antes de acostarse y frecuenta el gimnasio de la cárcel donde, al igual que hacía en Lledoners, practica bicicleta y algo de cinta que le han hecho perder algunos kilos. De momento, las visitas que constan anunciadas en el registro oficial de Soto del Real son las de sus abogados, aunque se esperan la del presidente de La Generalitat, Quim Torra, y el del Parlament, Roger Torrent, quienes también han expresado su intención de estar presentes en el juicio. Por su parte, el fugitivo Carles Puigdemont prepara movilizaciones en Bruselas con partidos flamencos y organizaciones separatistas, mientras la número dos de Esquerra Republicana, Marta Rovira, hará lo propio desde Suiza. No obstante, la división en el mundo independentista es enorme, así como en la estrategia de defensa de los procesados entre los miembros del PDeCAT y los republicanos. Por su parte, la ANC mantiene su agitación callejera y acusa a Torra de permitir «la farsa» del juicio.

Algunos libros y periódicos han solicitado Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. El primero fue un interno muy polémico en su anterior estancia en Soto del Real, dónde algunos de sus compañeros de celda solicitaron ser cambiados por no aguantar sus soflamas secesionistas. Ahora, parece que de momento este traslado le ha calmado algo el carácter, mientras que su compañero, Jordi Cuixart, ha venido casado, pues contrajo matrimonio con su compañera hace semanas mientras estaba en la prisión de Lledoners. El más inquieto, Raúl Romeva, es el mayor deportista como antiguo campeón de natación y kárate. Todos ellos disponen de estos once días para preparar las sesiones del juicio, algo que han denunciado sus abogados por entender que es poco tiempo dada la compleja documentación. La Sala rechazó su petición y la fecha fijada es el 12 de febrero, sin previsión de cuando finalice y la sombra de las elecciones de mayo en ciernes. La cuenta atrás ha comenzado y se espera, en efecto, mucho circo sin romper del todo la red.

Fuente: La Razón

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