Dolores Delgado, una ministra bajo la lupa por su amistad con Garzón

Hace más de seis años que fue apartado de la carrera judicial tras ser condenado a once años de inhabilitación por prevaricación, pero la figura de Baltasar Garzón sigue generando similares adhesiones y rechazos que cuando fungía, y refulgía, de juez estrella. Basta mentar su nombre para comprobarlo. Su dimensión de personaje público –incluso sin puñetas– quedó de manifiesto, una vez más, el pasado junio, al anunciarse el nombramiento de la entonces fiscal de la Audiencia Nacional Dolores Delgado como nueva ministra de Justicia en el Gobierno de Pedro Sánchez. Su abultado currículum (25 años de experiencia en el citado tribunal con una prolija hoja de servicios en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo y una labor pionera en la aplicación de la Justicia Universal) quedó oscurecido por un renglón de su biografía destacado a diestro y siniestro: su estrecha relación con Garzón.

Y lo cierto es que, desde entonces, la sombra de Garzón ha planeado sobre su gestión. Esta última semana de forma explícita, a cuenta de una supuesta reunión mantenida con el ex comisario José Villarejo –en prisión desde el pasado noviembre por el «caso Tándem»– para impedir la extradición a Guatemala del empresario Ángel Pérez-Maura. Unas gestiones por las que, según adelantó «El Confidencial», la Audiencia Nacional investiga si el ex juez actuó de intermediario.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional salió al paso con un comunicado en el que aseguró que desde que se incoó el expediente en abril de 2016 y hasta que se denegó la entrega dos años después, fueron únicamente los fiscales asignados al procedimiento de extradición del empresario los que realizaron los informes pertinentes en representación del Ministerio Público, «no existiendo informe ni intervención alguna» de la entonces fiscal Delgado.

Las fuentes consultadas por este periódico apuntan que Villarejo «no era un asiduo de la Fiscalía la Audiencia Nacional» y no recuerdan haberlo visto reunirse con Delgado en la sede del tribunal.

La propia ministra negó cualquier tipo de relación «personal, profesional, oficial o no oficial» con Villarejo. «Más allá –matizó– de haber coincidido con él en compañía de otras personas en algún evento». Lo mismo hizo Garzón, quien rechazó haber intermediado en el procedimiento y denunció a Efe una operación para intentar desprestigiar a la ministra de Justicia. Las propias palabras del ex magistrado de la Audiencia Nacional abonaron las conjeturas de quienes atisban su alargada sombra en el madrileño Palacio de Parcent, sede del Ministerio de Justicia.

«Su relación con Garzón le está perjudicando –aseguran fuentes de la Audiencia Nacional–, pero no creo que ella se esté dejando utilizar». Y añaden: «En lo de Villarejo no intervino en nada y ni siquiera lo recibió».

Pero, ¿qué hay de esos «eventos» en compañía de otras personas a los que aludió la misma Delgado? Otra fuente consultada –que conoce bien tanto a la ministra como a Garzón– recuerda que ambos solían asistir a las comidas que organizaba un abogado muy próximo al ex juez, «en las que se juntaba gente de distinto pelaje: banqueros, abogados, políticos, magistrados, fiscales…». A algunas de esas reuniones habría asistido Villarejo. «Pero ojo –matizan– a Villarejo todo el mundo lo recibía entonces…».

Sin embargo, esa misma fuente deslinda esos encuentros de cualquier intervención en beneficio del ex comisario por parte de la ministra. «Estoy absolutamente seguro de que no tiene nada que ver con Villarejo».

Para el PP –en boca de la diputada María Jesús Moro en la última sesión de control al Gobierno–, el ex juez es «la mano invisible» que mece la política del ministerio, «el que no está pero está». Para los populares, la composición de la comisión parlamentaria para el estudio de la Jurisdicción Universal –uno de los estandartes de Garzón durante su etapa en la Audiencia Nacional– da buena fe de ello. El PP ve la mano del ex juez estrella detrás de la designación, entre esos expertos, del magistrado José Ricardo de Prada (miembro del tribunal del «caso Gürtel») y del abogado Manuel Ollé, profesor de Derecho Internacional de la Complutense y cercano a Garzón.

«Ella era consciente de que a la menor oportunidad iban a airear su amistad con Garzón –sostienen fuentes jurídicas–, pero de ahí a pensar que él tiene un ascendente sobre su manera de gestionar el ministerio es no conocerla en absoluto». «No creo que al final llegue la sangre al río –añaden–. De hecho, creo que él está intentando distanciarse para no perjudicarla».

Fuente: La Razón

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