El auténtico «efecto llamada» de Sánchez: colas en la universidad Camilo José Cela para «tocar» su tesis

Algo ha interrumpido estos días la tranquilidad que hasta el martes reinaba en el campus de la Universidad Camilo José Cela, en Villanueva de la Cañada, a escasos kilómetros de Madrid. Hasta el próximo lunes no se espera a los cerca de 3.500 alumnos que comenzarán sus estudios en este centro de educación privada. Allí se custodia de manera exclusiva, hasta mañana viernes, la tesis doctoral del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Hasta mañana, porque desde el viernes el trabajo universitario podrá obtenerse digitalmente para la consulta de todo aquel que quiera.

Desde el propio centro , varios trabajadores admitían lo inusual de la cantidad de visitas que se están produciendo. El parking suele estar vacío en esta temporada pero entre el martes y el miércoles hasta una treintena de periodistas, y también curiosos, ocupaban con sus vehículos el recinto.

Al moderno campus, situado a 30 kilómetros del centro de Madrid, iban llegando ayer profesionales de los medios de comunicación, todos ellos con un mismo objetivo. En la biblioteca de la universidad rellenamos un formulario para consultar la polémica tesis doctoral del presidente del Ejecutivo. Ante las imprevisibles visitas en esta fecha y la continua petición de los medios para repasar el trabajo doctoral de Sánchez, el horario de la biblioteca se ha ampliado en dos horas, desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche.

LA RAZÓN también pide turno y espera la “cola” desde las once de la mañana para tocar, examinar y tener entre las manos la codiciada copia de la tesis de Sánchez. En torno a la una y media, una de las dos bibliotecarias que amablemente atienden las peticiones de todos los medios que llegaban sin cesar, nos llama y accedemos a la biblioteca, un recinto pequeño, pero en el que hay cerca de 29.000 volúmenes de consulta para los alumnos. Es una sala en la que a pesar del rumor de la curiosidad de los periodistas, se encuentra en un absoluto silencio (y es que, todos hemos pasado horas frente a similares salas en nuestros años estudiantiles y sabemos apreciar el silencio sepulcral que en estos ambientes se respira).

A propósito de estudiantes… ¿hay alumnos allí? No, aún no hay exámenes a la vista, por lo que no procede; los pocos que por allí deambulan tampoco se muestran interesados en apuntarse a la lista de espera para ojear la tesis más perseguida en esta semana, y posiblemente la que más visitas ha recibido en muchos años.

Volvemos a la sala. El libro en cuestión acapara todas las miradas. Se encuentra en una mesa grande, sin más libros a su alrededor. Encuadernado en tapa azul oscuro, con 342 páginas y 424 citas a una bibliografía con más de 150 referencias. Hay dos copias del trabajo titulado “Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)”, debido al aumento de consultas, para agilizar el tiempo de espera y facilitar el trabajo a los que esperamos.

La obra, que fue calificada con la máxima nota por parte del tribunal de la universidad, no se puede fotocopiar, ni fotografiar, nos recuerdan desde la biblioteca, pues el presidente del Gobierno no autorizó su digitalización, si se hace, se vulneraría la Ley Orgánica de Protección de Datos de carácter personal de 1999. Ahora sí es obligatoria esa digitalización.

Después de leer con detalle varias partes del trabajo, no podemos reconocer si ha habido copia o no, ello requiere horas de estudio y comprobaciones con los distintos informes con los que ha sido elaborada la tesis, y el tiempo apremia. (Entre los periodistas tenemos el pacto no escrito de ser eficaces y rápidos en la lectura).

La tesis doctoral más consultada nos deja una pequeña anécdota. Aunque no podemos calcular el tiempo dedicado a su alumbramiento, si sabemos que el presidente pidió ayuda en las redes sociales. “Tengo que escribir unas notas sobre la diplomacia económica, alguien puede aconsejarme literatura económica para leer? Gracias”, escribía Sánchez en Twitter el 13 de septiembre de 2011, un año antes de presentar su tesis ante el tribunal universitario.

Fuente: La Razón

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