El city Bar – Ruzafa antigua

ruzafa antigua el sacis 1Era de la familia Navarro, fundadores del primer autoservicio de Valencia: “El Sacis”.
Fue, en efecto, el punto de encuentro de ganaderos y tratantes que cerraban sus negocios con un apreton de manos que, en aquellos tiempos, tenia mas valor que cualquier firma, y lo fue hasta que la Asociacion creo en la calle Convento de Santa Clara “El Hogar del Ganadero”, que bajo la direccion hostelera de Pedro de Rueda Zuazua se convirtio en un muy afamado local de aperitivos, menus y banquetes en el magnifico sotano que organizaba “baile” con orquesta los fines de semana.
Otro acontecimiento (ahora desaparecido), que antaño despertaba inusitado interés entre los labradores -era el mercado de ganado equino. Una anchurosa rampa junto a la derecha del puente de Serranos, daba acceso desde 1886 al mercado de las caballerías que los jueves se celebraban en la planicie de esa parte del lecho del río Turia, donde personas y caballerías llenaban ese tramo del río más allá del pont de Fusta.
Muchos de aquellos labriegos compradores o vendedores (acicalados con las típicas blusas negras), aprovechaban las tardes de asueto en la gran ciudad, para visitar alguna de aquellas casas licenciosas o ‘mueblés’ que se encontraban en aquellas calles o callejas tan peculiares, o bien visitaban el City Bar frente a la plaza de toros, donde por las tardes celebraban unos modestos varietés, en un ambiente sobrecargado del buen aroma de los puros habanos o el intransferible olor de los puros “caliqueños”.ruzafa antigua el sacis
«La acera del City Bar era un baremo del que las chicas de el tribunal que más entendía de terneras, ovejas, vacas y demás ganadería. Algunas chicas pasaban por allí sólo para quitarse la depresión. Se ponían zapatos de tacón alto, se ajustaban la falda y el jersey, tragaban saliva y pasaban por en medio de los corros de aquellos carniceros moviendo el culo. Según la fuerza de los bastonazos o la longitud de los aullidos que daban se establecía una marca. Si una mujer pasaba por ese cerrado sin escuchar una sola animalada podía considerarse muerta para el sexo. Muchas veces las chicas se desafiaban entre sí.»