El debate demócrata en EE UU aviva la lucha entre izquierdistas y pragmáticos

Los candidatos demócratas que compiten para enfrentarse a Donald Trump en las elecciones de 2020 mostraron abiertamente sus diferencias en el debate de anoche celebrado en Detroit. A un lado están los más izquierdistas, representados por los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren, y en el otro los más moderados. El pragmatismo contra la pureza ideológica.

Los dos grupos pretender derrotar a Trump en las urnas, pero cada uno ofrece recetas muy diferentes. Las encuestas sitúan al ex vicepresidente Joe Biden al frente de la carrera demócrata, con el 34%, según la CNN. Esta noche será su turno en la segunda parte del debate, donde el plato fuerte será el cara a cara entre Biden y la senadora Kamala Harris, ex fiscal de California.

El debate de anoche se centró en la sanidad. Sanders y Warrren defienden una sistema de salud universal y gratuito, mientras que sus rivales más moderados creen que hay que facilitar el acceso al sistema sanitario pero sin abandonar el actual sistema basado en las aseguradoras privadas.

“No entiendo por qué alguien se toma la molestia de presentarse a presidente de Estados Unidos para hablar sobre lo que no podemos hacer y para lo que no debemos luchar”, dijo Warren sobre sus compañeros demócratas moderados, a los que llegó a acusar de usar argumentos de los republicanos.

“Estoy un poco cansado de los demócratas con miedo de las grandes ideas, los republicanos no tienen miedo de las grandes ideas”, dijo Sanders por su parte, al recordar la gran rebaja impositiva impulsada por Trump. “¿Por qué tenemos que ser tan extremistas?“, cuestionó el ex congresista John Delaney, al presentarse como el único candidato con experiencia en el “negocio de la salud”. “Con todo el respeto -dijo-, no creo que mis colegas entiendan el negocio”.

“¡No es un negocio!”, respondió Sanders, que defendió la salud como un “derecho humano” al que tendrán acceso de forma gratuita no solo todos los estadounidenses, sino también los inmigrantes irregulares si él llega a la Casa Blanca.

Al hablar del “Medicare para Todos”, los candidatos más moderados intentaron socavar a Sanders y Warren. Los moderados ridiculizaron este programa de asistencia médica como demasiado costoso, ineficaz y una forma casi segura de dar a los republicanos la prueba que necesitaban de que los demócratas apoyan el socialismo.

John Delaney aseguró que “Medicare para todos” apagará a “los votantes independientes y hará que Trump sea reelegido”. Sin embargo, Sanders y Warren no retrocedieron. “La atención médica es un derecho humano, no un privilegio. Creo eso y lucharé por ello”, dijo Sanders.

Aunque la elección del candidato demócrata no se producirá hasta el próximo año, más de una docena de los veinte candidatos actuales podrían ser bloqueados en la próxima ronda de debates y expulsados ​​de la carrera si no logran alcanzar nuevos umbrales de votación y recaudación de fondos exigidos por el Comité Nacional Demócrata.

La senadora de Minnesota Amy Klobuchar, que está trabajando para mantener viva su campaña, se alineó con el ala pragmática: “Estamos más preocupados por ganar una discusión que ganar una elección”. El gobernador de Montana Steve Bullock, en su primera aparición en el debate, golpeó a Sanders: los trabajadores “no pueden esperar a una revolución. Sus problemas están aquí y ahora”.

Mientras evitaba cualquier confrontación directa con sus rivales más liberales, Pete Buttigieg intentó varias veces presentarse como la alternativa más sobria en la carrera rechazando las posiciones extremas. El alcalde de South Bend, Indiana, de 37 años, también enfatizó sutilmente la diferencia generacional entre él y Sanders, 40 años mayor que él.

El tema racial también asomó en la plató de la CNN, organizadora del debate. Los candidatos, todos blancos, se unieron aquí para atacar a Trump por usar la raza como tema central en su campaña de reelección. Sanders calificó a Trump de racista, mientras que otros dijeron que la retórica del presidente inflamó los recuerdos de lo peor en la historia del país, incluida la esclavitud.

“El legado de la esclavitud, la segregación, y la represión están vivos en todos los aspectos de la economía y el país hoy”, dijo el ex representante de Texas Beto O’Rourke, quién apoyó la creación de un observatorio para examinar las reparaciones para los descendientes de esclavos.

El enfrentamiento en el ámbito de la salud se repitió, aunque con menos tensión, cuando salió a colación la migración, donde todos coincidieron en señalar a Trump como el enemigo común si bien no coincidieron en el fondo de la cuestión.

Tenemos a 100.000 personas en la frontera en estos momentos. Si descriminalizamos la entrada, si damos salud gratuita para todos, tendremos a muchos más”, dijo el gobernador de Montana, Steve Bullock, de nuevo confrontando a Sanders y Warren. “Si una madre y su niño hacen un camino peligroso de miles de millas, bajo mi punto de vista, no son criminales”, dijo Sanders.

Con la división entre las dos almas del Partido Demócrata patente, fue Ryan quien puso sobre la mesa el temor de los centristas: que un candidato a la izquierda del espectro no tiene posibilidades de ganar las elecciones frente a Trump. Un argumento al que respondió Warren: “Recuerdo cuando la gente decía que Barack Obama no podía ganar. Recuerdo cuando la gente decía que Donald Trump no podía ganar. Y aquí estamos”.

Durante el debate, los candidatos también abordaron asuntos como la regulación de las armas, la deuda estudiantil, impuestos a la riqueza, la crisis climática y, en menor medida, la política exterior.

Fuente: La Razón

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