El enemigo en casa

Apenas unos días después de que un joven supremacista tirotease indiscriminadamente a mexicanos y personas de origen latino en una plaza comercial de El Paso (Texas) con un saldo de 22 muertos y decenas de heridos, otro inquietante suceso con tintes racistas alarmaba a los vecinos de la ciudad fronteriza.

El miércoles a las siete de la tarde, poco después de que el presidente de Estados Unidos Donald Trump abandonara la localidad texana tras una visita a las víctimas del tiroteo y a las Fuerzas de Seguridad, un hombre fue detenido por realizar amenazas con un cuchillo frente a una casa de apoyo a inmigrantes.

El joven identificado como Thomas Bartram, de 20 años y originario de Houston llevaba guantes azules de latex y se movía en una camioneta con una ilustración de Donald Trump portando un arma de alto calibre y caracterizado como Rambo, el boina verde de la conocida saga cinematográfica. La Policía de El Paso encontró en su vehículo un arma y municiones, pero le dejó en libertad poco después de interrogarlo «tras comprobarse que no había cometido ningún acto criminal», según un comunicado de la Policía local.

Antes de su detención Bartram había sido entrevistado por el diario «Washington Examiner» como uno de los seguidores de Trump que se había desplazado a El Paso para apoyarle durante su visita. «Parece lo correcto, venir y apoyar a Trump. Está recibiendo muchas críticas», le dijo al periodista Rob Crilly. Según sus palabras, había viajado desde Houston en su vehículo, un recorrido de al menos diez horas y 1.200 kilómetros.

Su perfil guarda muchas similitudes con el de Patrick Crusius, el tirador que disparó contra una multitud de latinos en el Walmart Cielo Vista y que ahora enfrenta la pena de muerte. Ambos son muy jóvenes, blancos, iban armados y recorrieron solos todo el estado de Texas por carretera. Semanas antes del tiroteo, la madre de Crusius había llamado a la Policía preocupada por el arma que tenía su hijo debido a su juventud, inmadurez y falta de experiencia. El agente le explicó que su hijo, de 21 años, podía poseer legalmente un arma.

En el caso de Bartram no hubo consecuencias que lamentar, pero los voluntarios de la Casa Carmelita frente a la que profirió sus amenazas, afirmaron que habían sentido pavor ante la actitud del joven, que amagaba con entrar al local.

«Parece que esta persona iba pasando y vio un letrero que dice ‘Bienvenidos migrantes, Trump no’, y eso hizo que estallara en ira», comentó un voluntario de Casa Carmelita a «El Diario de El Paso».

El suceso ha generado nerviosismo en una comunidad hispana que todavía trata de reponerse del tiroteo del pasado fin de semana, que es visto como una agresión externa ajena a los valores de tolerancia que caracterizan esta urbe de mayoría latina.

Fuente: La Razón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *