El «voto inútil» en la España vaciada

El sistema electoral español es de los más complejos del mundo, ya que a la Ley d´Hondt, hay que unir la división del país es 52 circunscripciones, que coinciden con las 50 provincias y las dos ciudades autónomas. Cada una de esas circunscripciones tiene asignado un número determinado de diputados, adjudicados en función del doble criterio poblacional y territorial.

A cada circunscripción provincial le corresponden 2 escaños, y a Ceuta y Melilla, 1 cada una.

Los otros 248 escaños, hasta completar los 350, se reparten directamente de forma proporcional a la población.

El resultado final es que 28 de las 52 circunscripciones, más de la mitad de las mismas, las menos pobladas, acumulan tan solo 103 escaños, mientras que las otras 24 circunscripciones acaparan 247 escaños. Las 28 circunscripciones menores cuentan con el 21,2% del censo y con una proporción mayor de la que les corresponde de escaños, concretamente sus 103 suponen el 29,4% del total del Congreso. Mientras que las 24 circunscripciones más pobladas tienen en su territorio el 78,8% del censo y el 70,6% de los escaños. Por lo tanto el número medio de electores por escaño en las 28 circunscripciones de 1 a 5 escaños es de 75.600, frente a los 117.000 de las 24 más grandes según la demografía.

Las circunscripciones menos pobladas van de 1 a 5 escaños y las de mayor concentración demográfica van de 6 a 32. Pero centrémonos en las de 1 a 5 escaños, con sus 103 escaños en juego, en donde los dos grandes partidos sumaron 80 escaños de un total de 220 que consiguieron en 2016. Es decir, que el 36,4% del total de diputados procedían de estas 28 circunscripciones, que tenían el 29,4% del total de escaños del Congreso. La proporción es notablemente favorables a PP y PSOE. En el resto de circunscripciones ambos partidos sumaron 140 escaños, el 63,6% de los que consiguieron, cuando el porcentaje de diputados en juego era del 70,6%, por lo tanto por debajo de la media.

Los 80 diputados del PP y PSOE en estas 28 circunscripciones representaron el 77,7% de los 103 escaños, mientras que los 140 diputados del PP y PSOE en las otras 24 circunscripciones supusieron tan solo el 56,7% del total de los 247 escaños. La rentabilidad electoral es manifiesta. Esto nos demuestra el enorme interés del bipartidismo por los escaños de las circunscripciones de 5 o menos escaños, fundamentales para asegurar amplios grupos parlamentarios en la Cámara Baja.

Lo contrario sucedió en 2016 con Podemos y Ciudadanos. Los escaños obtenidos en estas provincias menos pobladas solo representaron el 21,1% y el 9,4% del total de diputados a nivel nacional. Obviamente por la dificultad de acceder a escaño en circunscripciones con número escaso de parlamentarios.

En 2016, los cuatro grandes partidos de ámbito nacional (PP, PSOE, UP y Cs) se atribuyeron 98 de los 103 escaños. Con los datos provisionales del 28-A serían 93.

El centro derecha pasa de 53 a 46 escaños. El PP baja de 50 a 27, pero Cs sube de 3 a 19. Mientras que en las izquierdas mejoran de 45 a 47 escaños; el PSOE pasa de 30 a 43 y UP baja de 15 a 4 diputados.

El PSOE consigue sumar un escaño más en las de 5 diputados; Jaén, Cantabria, Valladolid, Navarra y Castellón. También en las de 4 escaños; Albacete, Burgos, León, Lugo, Orense y La Rioja. Así como en Cuenca, de tres escaños y 1 en Ceuta. Mientras que UP pierde gran parte de sus parlamentarios: desaparece su representación en las de menos de 3 escaños y queda relegado a 3 provincias con 5 escaños; Huelva, Navarra y Castellón. Mientras que en las de 4 diputados solo tiene escaño en Álava.

En cuanto al PP, reduce su representación en todas las provincias con 5 escaños. En las de 4 diputados también pierde 1 escaño en cada una, salvo en Lugo, que repite con 2 y en Álava, en donde queda sin escaño. En las circunscripciones de 3 escaños pierde 1 en todas, salvo en Huelva, donde conserva su representante. También retiene su diputado en Soria, la única de 2 diputados y en Melilla, pierde el de Ceuta. La mayoría de los escaños que pierde el PP pasan a Ciudadanos.

Fuente: La Razón

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