Johnson evita responder si dimitirá si no es capaz de ejecutar el Brexit en octubre

Boris Johnson volvió ayer a repetir su promesa de sacar al Reino Unido de la UE, con o sin acuerdo, para el 31 de octubre, cuando termina la prórroga concedida por Bruselas. El Brexit, como no podía ser de otra manera, protagonizó el debate televisado por ITV, el primero, donde el excéntrico político y el actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, se dieron cita cara a cara en su carrera por Downing Street.

El equipo de Johnson ha querido retrasar lo más posible la batalla ante las cámaras de televisión para evitar que las características salidas de tono del político de melena albina mermaran su popularidad entre las bases. Pero anoche las meteduras de pata eran de alguna manera un mal menor, ya que la mayoría de los 160.000 afiliados del Partido Conservador ha emitido ya su voto. El resultado se conocerá el próximo 23 de julio y el ganador se convertirá automáticamente en el próximo primer ministro.

A lo largo del debate, Johnson eludió las preguntas más directas. No quiso aclarar si dimitiría de su cargo si no logra sacar al país del bloque para Halloween. Y también rehusó a comprometerse a dejar al actual embajador del Reino Unido en los Estados Unidos, Kim Darroch, tras la polémica protagonizada esta semana entre este último con Donald Trump.

El presidente estadounidense tildó ayer al embajador británico de “muy estúpido”, un día después de que se filtrara un cable en el que el diplomático criticaba a la Casa Blanca y describía al mandatario republicano como “inepto”. “El chiflado embajador que el Reino Unido endilgó a los Estados Unidos no es alguien que nos entusiasme, es un tipo muy estúpido”, dijo Trump en una serie de tuits. “Debería hablarle a su país, y a la primera ministra May, sobre sus fallidas negociaciones por el Brexit y no enojarse por mis críticas por lo mal que les fue”, agregó.

Mientras que Hunt señaló que eran inaceptables los comentarios hacia May y defendió dejar a Darroch en su cargo –“a los embajadores los pone y los quita el Gobierno británico y nadie más”, dijo- Johnson tiró balones fuera recalcando la importancia de preservar las históricas relaciones especiales entre Londres y Washington.

Respecto al Brexit, el actual ministro de Exterior se muestra más cauto y se ha comprometido a decir para el 30 de septiembre si existen opciones reales de mejorar el Acuerdo de Retirada–en cuyo caso se solicitaría una nueva ampliación de plazos– o se debe preparar al país para un divorcio caótico.

Algunas encuestas sitúan a Hunt por delante de Johnson como candidato favorito entre el electorado general. Sin embargo, el excéntrico político sigue siendo el más popular entre las bases tories -que son las que al fin y al cabo elegirán al próximo inquilino de Downing Street-, ya que el ven más preparado para sacar adelante el Brexit, aunque sea sin acuerdo, y ganar al líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, en unas posibles elecciones anticipadas.

En caso de que finalmente Johnson gane las primarias y Westminster se oponga a un divorcio sin pacto –escenario a día de hoy más posible–, cada vez hay más rumores de que el controvertido político estaría ya en conversaciones con el líder euroescéptico Nigel Farage para, llegado el momento, convocar comicios en los que ambos alegarían al sentimiento patriótico para ejecutar la ruptura con el bloque por la que votaron los británicos en el referéndum de 2016. Aunque Johnson dijo ayer que los tories “no necesitaban pactar con nadie para ejecutar sus promesas”.

El debate televisado sirvió para aderezar un poco las sosísimas primarias del Partido Conservador. La carrera entre Johnson y su Hunt por hacerse con el liderazgo de la formación está pasando desapercibida incluso para los medios locales. Ante la falta de acción, los rotativos han llegado a dar protagonismo a la cuestión de la caza del zorro (prohibida en febrero de 2005), una medida que Hunt dijo que «iba a estudiar».

Asimismo, la BBC también ha sacado a relucir hasta qué punto Theresa May desconfiaba del hombre que, al menos según las encuestas, está llamado a sucederla.

El único motivo por May llegó a nombrar a Johnson ministro de Exteriores en 2016 fue precisamente para tener al «enemigo cerca» y vigilar así sus movimientos y continuas maniobras para hacerse ya entonces con el poder. Pero lo que no se sabía es que la desconfianza llegaba a tal extremo que trató de impedir el acceso del entonces responsable de la diplomacia a las operaciones secretas más sensibles. La guerra entre ambos puso en una situación muy complicada a los servicios de inteligencia. Al fin y al cabo, es el titular de Exteriores quien autoriza este tipo de misiones.

De manera anónima –los espías nunca revelan su identidad– algunas fuentes cuentan ahora a la cadena pública que May no quería que el excéntrico político tuviera acceso a los dosieres más delicados por su incapacidad de guardar secretos, algo que le dejó «muy disgustado». Otras achacan la decisión a la tendencia de la aún inquilina de Downing Street por «querer tener todo controlado». Aunque posiblemente fuera una combinación entre ambos factores.

La primera ministra británica tiene la responsabilidad absoluta en materia de seguridad e inteligencia y posee la capacidad de decidir quién puede acceder a qué informes, pero de acuerdo con una de las fuentes consultadas, la limitación impuesta a Johnson, como titular de Exteriores, «no tiene precedente». Y no es la primera vez que el controvertido político se ve envuelto en una polémica junto a los servicios secretos. En noviembre de 2017, la revista «New Statesman» ya explicó cómo los espías británicos «recelaban» a la hora de compartir información con el también ex alcalde de Londres. (fin).

Fuente: La Razón

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