Juicio contra El Chapo Guzmán: Así funciona el «negocio» de la cocaína

Prosigue el juicio en Nueva York contra el narcotraficante mexicano Joaquín el Chapo Guzmán. Y prosigue como si fuera una película casi. El último testigo en declarar ha sido Jesús Zambada García, conocido también como «El Rey», es hermano de Ismael «El Mayo» Zambada, supuesto líder actual del cártel y a quien la defensa de Guzmán busca señalar como el verdadero cabecilla de toda la operación. Exdirector de operaciones del Cártel de Sinaloa, Zambada subió al banquillo y durante tres horas desgranó el funcionamiento interno de la organización.

Zambada García, tras ofrecer todo tipo de detalles importantes sobre la logística, la financiación y los principales personajes del cártel, entre ellos su propio hermano, en una actuación casi teatral, se levantó y señaló a Guzman y aseguró que era uno de los “más poderosos narcotraficantes” de México. Guzmán, brazos cruzados, rostro inexpresivo, se limitó a sostener la mirada de su antiguo subordinado.

Zambada trabajó, o al menos eso aseguró, para el cártel desde 1987 hasta su arresto en 2008. Y en el juicio no ahorró detalles de sus funciones en la organización. Un a «clase magistral sobre el Cártel de Sinaloa» titula The New York Times». Y eso fue, tres horas de recorrido guiado por el cártel de la droga. Su ascenso en la ja jerarquía del cártel, primero como contable y más tarde como el principal contacto en Ciudad de México, los nombres que usaban para vender su «producto (Zafiro, PacMan y Coca Cola), cómo se transportaba la cocaína. Todo lo quiso contar el testigo.

Y así los presentes en el juicio escucharon cómo la cocaína del cártel provenía de Colombia y se transportaba mediante lanchas motoras hasta Cancún, donde una cadena humana de estibadores la llevaban a la orilla. Desde ahí generalmente se transportaba en camiones a almacenes en Ciudad de México —a menudo en contenedores de combustible— y después llevaban el producto hacia ciudades fronterizas en el norte, como Ciudad Juárez y Agua Prieta, donde los policías cobrarban sobornos, para trasladarlo a Estados Unidos, informa «The New York Times».

Fuente: La Razón

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