La Copa de Jaume

«Jo vull guanyar un títol, estic convençut de que van a canviar les coses. Clar que podem. ¿Com que no? Som el Valencia CF». Las reflexiones de Jaume Domènech a sus allegados en el verano previo a la llegada de Marcelino destilaban pura convicción. El Gat d’Almenara imagina ser campeón desde que sonaba a locura. Siempre ha soñado en grande y simboliza la esencia del murciélago. Caer, levantarse, creer y vibrar con cada parada. Lo suyo, todo, es a fuerza de determinación. Mientras la mayoría de sus actuales compañeros ya eran internacionales con las inferiores él se enfrentaba a equipos como el Traiguera, Benicàssim, Benicarló, Oropesa o Burriana en Regional Preferente. Los campos eran de tierra y, por supuesto, no había ni autógrafos, ni espónsors ni flashes. Los titulares eran tal que así: ‘El Almazora pierde tres puntos ante el Almenara en un encuentro aburrido’. Literal. Pocos imaginaban que llegaría a la élite. Solo él, en su cabeza, veía que eso tenía recorrido. Cada obstáculo es una motivación, está acostumbrado a agrandarse ante la dificultad. Los que preparaban un juicio sumarísimo para la vuelta de semifinales ante el Betis olvidaban que el día que sus padres le prohibieron jugar de portero por llegar con las palmas ensangrentadas –de tirarse en el parque que hay junto a la casa en la que vivió hasta los catorce– ‘robó’ unos guantes de ciclista de su padre. En su manera de ver las cosas nada se compara a cuando alguien le da por muerto. El «guerrero eterno», como le dicen los suyos, fue el mejor con cinco paradas en la noche en la que todos los focos eran para él en Mestalla. Esta es su Copa del Rey.Ver la noticia completa en… Superdeporte

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