La «gastropolítica» de Íñigo Errejón

Podemos ha implosionado y su catalizador ha sido paradójicamente uno de sus padres fundadores. El otrora mano derecha de Pablo Iglesias, ideólogo y acicate de la izquierda española que hizo soñar en morado y que ahora ha dejado a las siglas que escribió con orgullo, tocadas y casi hundidas. El mismísimo Íñigo Errejón. Aquel joven con cara de empollón y verbo digno de un sillón de la RAE que formó un tándem perfecto con «el coletas» al más puro estilo Felipe González y Alfonso Guerra. Pero como ellos, los Iglesias-Errejón optaron hace tres años por iniciar un cese temporal de la convivencia que se materializó con la derrota del segundo en febrero de 2017. A partir de ese momento, Errejón comenzó a armarse, a moverse entre bambalinas para preparar su gran «golpe» tras alguna tentativa fallida. Ahora, el candidato a la Comunidad de Madrid absorbido por la lista de Más Madrid de Manuela Carmena ha dejado a los «morados» dando vueltas sobre sí mismos, sin rumbo y destartalados mientras Íñigo pasea flamante esperando la conquista de la Real Casa de Correos. Un pacto urdido en la sombra y que se selló con el ya famoso «Acuerdo de las empanadillas» que cocinó Carmena en la cena en la que ambos se juraron fidelidad. Pero este no ha sido el único acuerdo «gastro-político» en el que ha estado presente el joven madrileño, es más, parece que la gastronomía ha estado presente en los «top three» de su vida política. A Pablo Iglesias lo conoció mientras devoraba un trozo de pan con azúcar en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Errejón tenía de aquella 19 años. Pablo 24. El panecillo les unió. Más tarde, vendrían otros encuentros culinarios clave en su carrera. Como la cena con pasta carbonara, uno de sus platos favoritos dicen, en casa de amigos donde comenzó a erigirse como líder.

del polar a la chaqueta

Según relatan a LA RAZÓN varias personas de su entorno que compartieron aquellos días y esa cena a la carbonara con el ahora político, lo que más le movía entonces era la lucha contra el Plan Bolonia. «Estaba metido en todas las luchas estudiantiles, cada facultad tenía su asociación y entre ellas estaban en contacto. Íñigo era una de las personas de las que siempre se hablaba. Siempre fue un tío muy inteligente, hablaba con vehemencia. Está muy preparado y además era muy majo. Todas las chicas estaban como locas por él en la facultad», relata a este diario una de las personas que compartió mesa y charlas con el «podemita». Una etapa de la que el madrileño nacido en Plaza de España y criado en Pozuelo nunca ha querido hablar. «Sinceramente creo que ha cambiado poco, bueno quizá en la forma de vestir, antes iba más rollo espeleólogo y ahora con bléiser. Yo diría que la chaqueta es lo poco que veo de cambio en él», confiesa otra compañera de antaño. Según coinciden todos, la guerra contra la privatización que supondría la implementación del Plan Bolonia fue su carta de presentación. «Era el típico que solo hablaba de política y de cómo cambiar las cosas. En las cenas, tomando cervezas… lo curioso es que no nos aburría a nadie porque lo explicaba de una manera coherente y divertida. Todos sabíamos que llegaría lejos», relatan. De su vida sentimental, cierran filas. Sí es cierto que cotizaba al alza con cada palabra que salía de su boca, y tras varios romances fugaces típicos de la edad, no fue hasta conocer a Rita Maestre, con la que estuvo saliendo cinco años, cuando sentó la cabeza. Tras ella se ha especulado con relaciones esporádicas incluso con periodistas. Todo rumores. Él calla, su círculo también. «Siempre ha sido un chico humilde y sensato, estaba claro que acabaría en política incluso de presidente del Gobierno. Esa pasión por la política le venía mucho por sus padres», aseguran las mismas fuentes. Su padre, funcionario que ha trabajado durante años en altos cargos de la Administración, y su madre (administrativa) le inculcaron la mirada crítica y la pasión por la lectura. Él presume de ello y niega ser un «niño rico». Procedente de una familia humilde, a los pocos años de nacer se mudó a Pozuelo de Alarcón, la ciudad de la Comunidad de Madrid con más renta per cápita, donde compartió mucho con el que ahora es uno de sus grandes escuderos, su hermano Guillermo, seis años menor. Desde las redes sociales, el pequeño de los Errejón siempre le ha defendido sin medida. De hecho, uno de sus principales objetivos ha sido contrarrestar las críticas de Juan Carlos Monedero (el único de los fundadores de Podemos que sigue de la mano con Iglesias) contra su hermano mayor. «Juan Carlos tiene capacidad de aportar ideas, pero últimamente solo es conocido por decir burradas. Creo que no ayuda al debate, lo dificulta», sentenció. Lo que quizá tampoco le sirva de demasiada ayuda a Íñigo en su carrera política sea la ambición, un término en el que coinciden varias personas de su círculo estudiantil con las que ha hablado este diario. «Se le veía esas ganas de llegar lejos, no creo que sea malo ser ambicioso, pero él sin duda lo era», afirma una compañera de Políticas. Según los expertos, esa cualidad de la personalidad que Errejón lleva tatuada en su ADN tiene una cara positiva, pero también un lado oscuro. «La ambición sana es aquella en la que se utiliza el hecho de ponerse metas muy interesantes y grandes como estímulo para divertirte más a modo de competición personal. Pero siempre y cuando uno se dé cuenta de que en realidad el objetivo en sí de tener éxito no es tan importante. Sin embargo, a veces pensamos que esos objetivos sí lo son y ahí es cuando llega el error. La psicología cognitiva indica que más allá de la comida y la bebida, el resto de objetivos son un juego y hay que saberlo. Hay que tener muy clara siempre esa escala de valores. Cuando te crees que esos objetivos son esenciales para tu autoestima y para los demás es donde lleva el error. Todo se pervierte, porque se cae en el error de que cualquier fin justifica los medios», asegura el psicólogo Rafael Santandreu. «La solución a este problema que supone la ambición desmedida está en las aficiones. Si tu vida es solo una cosa, vas por mal camino. Hay que centrarse en actividades en las que no haya que competir, algo que puedas hacer únicamente sin tener que medirte con los demás», añade Ricardo Pascual, doctor en psicología clínica y profesor de Psicología de la Universidad Europa. No es que Errejón se encuentre en esta situación extrema, pero el político toma nota y según aseguró en una reciente entrevista a la revista «Esquire», de momento ya se ha apuntado a clases de yoga para destensar.

Fuente: La Razón

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