«La herida del pueblo de Alcàsser con respecto al crimen sigue existiendo»

Probablemente uno escucha el nombre de Ramón Campos y no establece relación directa con casi nada. No obstante, es el punto de unión entre las grandes series que ha producido nuestro país en los últimos años: Velvet, Fariña, Gran Hotel, Las chicas del cable o Alta Mar son solo algunos de los grandes títulos que han nacido de la cabeza de Campos, que fundó junto a su mujer en 2007 «Bambú Producciones». Desde entonces, calcula que en torno a 50 millones de personas han disfrutado de sus trabajos en pequeña y gran pantalla. Pero quiere más: este viernes estrena «El Caso Alcàsser» en Netflix para contar de forma digna y respetuosa todo lo que el silencio y el dolor ha cubierto en los últimos 25 años. Por si fuera poco, tiene tiempo para escribir literatura. «El orfebre», que acaba de publicar Planeta, es su primera novela.

-Un guionista que ahora salta al papel. Normalmente es a la inversa.

-Cada historia tiene un medio. Hace tiempo que mi mujer y yo decidimos que si no teníamos los medios, no íbamos a contar historias. «El orfebre» es, audiovisualmente, imposible de contar tal y como yo quiero. Descarté la idea muy pronto. Me di cuenta de que la parte literaria era muy rica, me permitía desarrollar muchas capas. La desarrollé como novela, contacté con Planeta, les gustó y nos pusimos a trabajar.

-No es lo mismo, por tanto, escribir literatura que escribir un guión.

-Son mundos distintos. Un guión es una herramienta de trabajo para un equipo. Cada uno mira su parte. En el caso de la novela, eres tú y el lector, no hay intermediarios ni equipo. El guión acaba en la basura y la novela en la estantería. Y no hay cortapisas de producción, algo que los guionistas llevamos fatal (ríe). Necesitaba esa libertad.

-Lo que sí verá el lector, en este caso, es una forma especial de hacer literatura.

-Más audiovisual, desde luego. Dentro de unos años tendremos una generación de narradores en los que la influencia del audiovisual estará muy presente.

-La verdad es que últimamente los autores tienden a decir que sus obras acabarán en pantalla porque escriben de forma audiovisual.

-Así es. Yo vivo el proceso contrario, y no tengo ningún interés en que acabe en la pantalla. Pero entiendo que para alguien que escribe una historia, soñar con que sea dirigida, que sea producida en forma de serie o película… Genera satisfacción personal y catapulta la obra a otro nivel. El poder de la televisión. Ello modifica la forma de contar.

-¿Tiene preferencia por las historias pasadas? Lo vemos en sus series: prácticamente salvo Fariña, todas tienen temática histórica.

-La época tiene que ver, en las series, con una dignificación de la telenovela. Yo quiero que la espectadora de melodramas se sienta orgullosa de ver mis series. Velvet, Gran Hotel, Las chicas del cable… Vienen del melodrama, pero lo hemos actualizado. Es mucho más sencillo contar esas historias en épocas remotas, donde los amores imposibles o las diferencias entre clases eran más posibles.

-¿Le ha recortado espacio las series a la literatura?

-(Muy seguro) Sí, mucho. Le han comido terreno al mundo. Todo el mundo ve series. En España hemos pasado de producir diez series al año a producir 60 al año. Esto hace que el público demande cada vez más, y que se vuelva más perezoso a la hora de acudir a la literatura. Las editoriales acaban contratando a gente del mundo de las series para que lean sus libros, y, por consiguiente, vean sus series.

-Estamos comenzando el año 1 post-Juego de Tronos. ¿Qué futuro tienen las series, ahora que ha finalizado la más grande?

-Hay un futuro maravilloso, pero no habrá series para todo el público. Antes hablábamos todos de The Wire, de Breaking Bad, de Los Soprano, de Los Serrano, de Periodistas… Antes veíamos todos las mismas series, ahora ya no. Va a llegar un momento en el que no sabré ni que existen las series que ves tú, ni tú las mías. Cada uno tendrá su propia serie. Series para públicos muy determinados. Producciones muy concretas, pero no muy abiertas.

-No queda nada para que se estrene «El Caso Alcàsser».

-Lo hemos hecho con el mayor de los respetos. Es una serie documental en la que hemos hecho una crónica de lo sucedido en 1992 hasta el día de hoy. Lo primero que hicimos fue quedar con las familias y contarles qué no íbamos a hacer: no hay recreaciones con actores, no hay fotografías de cadáveres, no hay nada que agreda emocionalmente a las familias. Además, descubrimos, mientras realizábamos el documental, que la herida que tiene el pueblo con respecto al crimen sigue existiendo. De hecho, el «crimen de Alcàsser» es una forma errónea de llamarlo. El crimen no es de Alcàsser, los criminales no eran de allí y los hechos no se produjeron en la localidad. Solo las niñas venían de Alcàsser. Por eso decidimos cambiar el nombre a «El Caso Alcàsser» y no «El Crimen». Espero que la sociedad valenciana vea una representación respetuosa de lo sucedido. Espero que sea el documental definitivo.

-La sociedad valenciana es muy crítica.

-Puede haber crítica, es posible. Habrá quien diga que hemos venido a lucrarnos de la desgracia. Es mentira. Fue una opción mía, personal, de narrar una historia que hacía falta contarla de otra forma a como ha sido contada hasta la fecha. No hemos ganado ni un solo euro. Si alguien considera que hemos hecho algo mal, estaré dispuesto a debatirlo. Mis niñas, cuando cumplan 18 años, quiero que vengan y me pregunten por lo que hice, y si llego a avergonzarme, es porque lo he hecho muy mal.

-¿Qué más proyectos lleva en mente?

-Estamos acabando «El corredor de la muerte», sobre Pablo Ibar; también la segunda temporada de «Alta mar», en la película de «Velvet», en una serie para Amazon, y la última película de Blanca Suárez y Javier Rey, entre otros proyectos.

Fuente;: La Razón

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