La ONU alerta del recrudecimiento de los combates en el norte de Siria

Bashar al Asad tiene la sartén por el mango, aunque a veces se le resbala. Un militar murió ayer en ataque insurgente con cohetes contra el aeropuerto militar de Hamimim, base rusa en Latakia. Si bien el numero de muertos es insignificante, el hecho de que el ataque haya sido contra las fuerzas rusas en el feudo de Bashar al Asad cobra relevancia.

En las últimas semanas las fuerzas sirias, apoyadas por la aviación rusa han estado bombardeando Hama, e Idlib, el último bastión rebelde, en el norte de Siria. Allí están asentados una amalgama de grupos islamistas y yihadistas como Organismo de Liberación de Levante, ex filial de Qaeda en Siria, que se escapan del control del gobierno. En la ofensiva que no ha sido anunciada por el Ejército, las tropas gubernamentales le han arrebatado a los insurgentes un número de poblaciones en Idlib, Latakia y Hama.

La agencia estatal SANA informó de que además del oficial muerto, otros resultaron heridos como resultado de “ataques terroristas contra las poblaciones de Al Hawiz y Al Sharashir”, aledañas a la base de Hamimim.

Las fuerzas de defensa antiaéreas sirias consiguieron repeler un ataque de aviones no tripulados y proyectiles contra la base de Hamimim, y otro en la localidad costera de Al Qardaha, de donde es originaria la familia al Asad.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos confirmó que hubo un ataque de aviones no tripulados, además del lanzamiento de 15 cohetes contra el aeropuerto militar por “grupos yihadistas”.

La reanudación de los bombardeos en Idlib, donde además de grupos yihadistas viven allí 3 millones de personas, ha puesto en alerta a la comunidad internacional.

La presión de Occidente contra Siria y Rusia logró frenar una gran ofensiva del régimen sobre Idlib en septiembre. Pero pese a ser una de las zona desmilitarizadas según el acuerdo de alto el fuego entre Rusia y Turquía, se han reanudado los ataques aéreos y choques armados en el norte de Siria.

Según Naciones Unidas, en las últimas tres semanas han sido asesinadas al menos 160 personas y más de 180.000 han resultado desplazadas por las hostilidades. De ellas, unas 80.000 no tienen a donde ir y simplemente se han instalado en campos abiertos o buscado cobijo bajo árboles. Además, la ONU denunció supuestos ataques contra campamentos de desplazados en los que han muerto varios civiles y 17 escuelas se han visto afectadas.

“El pueblo sirio está en grave peligro de una crisis humanitaria catastrófica si Rusia y el régimen de Al Asad no detienen inmediatamente su escalada y se vuelven a comprometer inmediatamente con el alto el fuego”, señaló el representante estadounidense, Jonathan Cohen.

Al llamamiento de la ONU, Rusia defendió que los ataques son respuestas a otros lanzados por terroristas y recordó que combatir a esos grupos es algo permitido por esos acuerdos.

La mayor preocupación de la ONU son los repetidos ataques contra centros sanitarios, algo prohibido por las normas humanitarias internacionales.

Desde el 28 de abril, Naciones Unidas ha confirmado que al menos 18 hospitales o clínicas han sido dañadas o destruidas. El jefe humanitario de la ONU, Mark Lowcock, recordó que las coordenadas de las instalaciones sanitarias se comparten

con todas las partes del conflicto para que eviten golpearlas en sus ataques y lamentó que esa información podría estar siendo usada para atacar deliberadamente esos lugares.

Por su parte 70 organizaciones humanitarias han pedido un cese inmediato de los combates. La violencia, que ha puesto fin al alto el fuego, ha obligado a 16 ONG a suspender sus operaciones en el área debido a los ataques contra su personal desplazado o sus instalaciones atacadas.

Fuente: La Razón

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