“La pareja ideal. Cómo encontrarla”, una lectura necesaria y mágica

El libro “La pareja ideal. Cómo encontrarla”, escrito por Lola Soriano, no nos marca las pautas ni nos dice ningún truco para encontrar un amigo, un amor o un compañero de viaje. Va más allá de cualquier pensamiento que le marcan una estrategia para conseguir un globo o el peluche de la feria. Nos habla de lo que es un corazón, de lo que es una vida marcada con sufrimientos o con alegría. Nos cuenta cómo se puede sufrir por una equivocación. Nos explica de forma muy sencilla lo que en sí nos pasa en la vida a todos cada día. De esta forma sabemos que somos ministros de nuestros actos y que los jueces no están , porque en la vida no hay jueces. Los jueces están más allá.

Pese a las fechas veraniegas en las que nos encontramos, el entorno de la autora asegura que el nivel de ventas en los escasos días que el libro lleva publicado es “sorprendente”. “Ha contado con una gran acogida”, cuentan. Lola Soriano consigue aproximarse de manera idónea al lector, engancharlo y hacerlo sentir partícipe de las historias narradas. Nada es nuevo en el complejo mundo de las relaciones, pero el objetivo de profundizar en el interior del lector rara vez se consigue. Este es uno de esos casos en los que el libro se convierte en algo más que un compañero de experiencias. El lector conseguirá, como firma la escritora, sentir que la vida merece la pena vivirla y que cada día nos aportará algo nuevo, una enseñanza que hasta la fecha desconocíamos. Será la lectura la mejor de las guías en el no siempre camino vital.

El libro puede conseguirse, además de en las principales librerías valencianas, en la Floristería La Violeta, ubicada en el puesto número 2 de la plaza del Ayuntamiento de Valencia, lugar por el que han desfilado desde hace décadas las principales figuras de la cultura y la política valenciana. El libro cuenta con el apoyo y recomendación de numerosas personalidades, como referentes de la primera línea de la política autonómica o de la sastrería valenciana, así como de los altos fogones, como el cocinero Chicote.

Fuente;: La Razón

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