La silla del «Titán de bronce»

La historia menor cuenta que las últimas palabras del general Antonio Maceo fueron «esto va bien». El caso es que trataba de exfiltrarse desde La Habana con una columna corta, unos veinte hombres, más su médico y su segundo, cuando tropezaron con una cerca, que empezaron a cortar. Avistados por una compañía española, al mando del comandante Cirujeda, parece que la valla había cedido y de ahí la frase. Pero no. Dos balas, una en pleno rostro, acabaron con el «Titán de Bronce», uno de los líderes independentistas cubanos más eficaces y obstinados, que había visto caer a su padre y a seis de sus hermanos en la «guerra grande», la que acabó con la paz del Zanjón, y vivido un novelesco exilio por Honduras, donde llegó a ser jefe del Ejército local; Estados Unidos, Jamaica, Haití y Costa Rica. Sobre la «silla de Maceo», que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se lleva a La Habana para una exposición temporal, hay más de leyenda que de realidad. No iba en el equipaje del general mambí aquella trágica noche, pero lo cierto es que cuando el general Valeriano Weiler, mallorquín, volvió a su tierra desde Cuba, sí constaba como parte del modesto «botín de guerra». Está tallada en el tronco de una palmera, tiene grabada la estrella independentista cubana y las iniciales del general. Hay testigos que afirman que la utilizaba para descansar en las largas marchas guerrilleras y que, también, recibía sentado en ella. No hay certeza de cuándo y dónde se capturó. La silla permaneció en el seno de la familia Weiler hasta 1931, que la cedió al Ayuntamiento de Palma de Mallorca. Se expondrá durante dos años en el museo de historia de La Habana.

Fuente: La Razón

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