Los Azucats

azucat-de-ambientacion-aneja-en-la-calle-de-trinquete-de-caballerosSeguramente, durante nuestro recorrer por la ciudad, habrás podido observar que el centro histórico cuenta con varias calles sin salida. Callejones donde el tiempo pudo haberse detenido, o que simplemente lo hizo como la que hoy os muestro en esta fotografía. Este tipo de calle se llama azucat.

Quizás es muy probable que no sepas que es de origen árabe, y que los pocos que podemos encontrar en Ciutat Vella, son el legado de Balansiya, que ha quedado en el recuerdo de la mente de unos pocos historiadores.

Los azucats se originaron por nuestros ancestros musulmanes, en un sentido de defensa hacia sus viviendas. Aunque tuvieran la muralla que les protegían de los peligros del exterior, la ciudad islámica de Valencia, necesita una protección interior, por eso se creó la llamada casa fortaleza – que muchos habréis visto en vuestros pueblos – edificios de aspecto macizo y pocas ventanas al exterior, mientras que en interior de la misma se abre un patio central y cuyas ventanas recaen en él.casa-arabe-medieval

Ese era el tipo de vivienda que gustaba a las familias musulmanas, buscaban la intimidad, y sus vidas trascurrían en ese patio interior ajardinado y con graciosas fuentes para refrescar el ambiente. A esa intimidad se le unía la necesidad de seguridad, y por eso construían sus casas formando callejones sin salida, formando ese trazado tortuoso que encontramos aún en el plano de la ciudad. De esta forma, sus propietarios podían desaparecer o perder de vista a alguien que los siguiera, o simplemente que jamás ningún extranjero indeseado pudiera llegar a encontrar sus casas.

Así que cuando entres en este azucat, y veas la pesada puerta de madera al fondo del callejón, alza la vista a la antigua ventana que conserva aun un poco de tracería e imagina que unos ojos oscuros te están mirando desde el pasado, y siéntete afortunado porque si has llegado hasta allí, habrás llenado de luz su casa con tu presencia.

Fuente: CALLEJEANDO POR VALENCIA
Autor:   Isabel Balensiya