Los generales, listos para volver al poder

Si ningún contratiempo lo evita, los militares volverán al poder en Brasil después de 33 años, pero en esta ocasión con el voto de millones de ciudadanos. El nuevo gabinete del ultraderechista Bolsonaro –favorito en los sondeos con 18 puntos de ventaja para las elecciones de este domingo– acogería al menos a cuatro generales en la reserva, entre ellos al candidato a vicepresidente Hamilton Mourao, quien en el pasado ha abogado por un golpe de Estado para restaurar el orden en el país, además de Augusto Heleno como ministro de Defensa; Oswaldo Ferreira (Transportes) y Aléssio Ribeiro (Educación).

El «tsunami» Bolsonaro puso en la rampa de lanzamiento a casi mil candidatos a gobernadores y legisladores federales y regionales en las elecciones del pasado 7 de octubre. Más de 80 han ganado o pueden hacerlo en la segunda vuelta de este domingo. En Rio de Janeiro, el ex militar Wilson Witzel, defensor de militarizar las favelas, venció con el 41%. Con respecto a las últimas elecciones generales, la cantidad de políticos elegidos con un pasado castrense se ha cuadruplicado. Ya hay cuatro senadores y 31 diputados, además de más de cincuenta legisladores repartidos en las cámaras regionales.

Bolsonaro dice que respetarán la Constitución y que no los ha elegido por ser militares sino por ser eficientes. Y evoca los principios castrenses de disciplina y orden para reducir la inseguridad ciudadana, que dejó 63.000 muertos el año pasado. El ex capitán de paracaidistas ha dicho en las últimas horas que Brasil está «en guerra» y su objetivo es sacar a patrullar a las Fuerzas Armadas a las calles, algo que ya hacen los militares en Rio de Janeiro desde agosto del año pasado.

Aunque Bolsonaro ha prometido «gobernar con autoridad pero sin autoritarismo», las declaraciones de algunos miembros de su equipo causan zozobra entre aquellos que piensa que Bolsonaro es una grave amenaza para la estabilidad política del mayor país de Latinoamérica. Sin ir más lejos, este fin de semana se hizo público un vídeo en el que Eduardo Bolsonaro, hijo del candidato ultraderechista, amenazaba con clausurar el Supremo Tribunal Federal (STF). «Si se quiere cerrar el STF usted no manda ni un jeep. Manda un soldado y un cabo, sin querer desmerecer al soldado y al cabo». Aunque se ha disculpado y ha dicho que ese vídeo es de hace cuatro meses, cuando se barajó la posibilidad de retirar la candidatura de su padre, el mensaje ha causado gran inquietud y para el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, de centro derecha, esas palabras «huelen a fascismo». Desde hace meses, los militares han venido allanando el terreno para desplegar su agenda política. Unos días antes de que Lula da Silva fuera encarcelado, el comandante de las Fuerzas Armandas, Eduardo Villas Bôas, afirmó: «El Ejército comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudiar la impunidad y se mantiene atento a sus misiones institucionales».

Muchos brasileños han abrazado el discurso de mano dura del favorito en los sondeos. «No es verdad que Bolsonaro sea un político autoritario. Sus enemigos han creado una caricatura. Es la persona que puede acabar con la corrupción y con la criminalidad en Brasil», asegura Itamar, un brasileño que se define a sí mismo como de clase media y que ve en los militares una «alternativa moral» ante una clase dirigente salpicada por la corrupción. Está por ver si una vez instalados en el Gobierno, los militares practicarán un liberalismo económico del gurú Paulo Guedes o si seguirán manteniendo una agenda proteccionista con la defensa de un Estado fuerte, como han hecho tradicionalmente.

Fuente: La Razón

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