Presión interna para que Cayetana Álvarez de Toledo no sea portavoz en el Congreso

Cuca Gamarra, ex alcaldesa de Logroño y diputada, frente a Cayetana Álvarez de Toledo, «número uno» al Congreso por Barcelona. Guiño a la moderación o apuesta por la línea dura. Victoria del «gabinete» de Pablo Casado o de la línea más centrista y de los «barones».

Esta dialéctica está marcando la tensión que rodea a las primeras decisiones que tiene que tomar Pablo Casado una vez que ha terminado el proceso electoral. La más relevante es la elección de sus portavoces en el Congreso y en el Senado. Pospuesta esta designación el pasado lunes, al tiempo que se filtraba el «plante» interno ante la posibilidad de que el líder se decantara por Álvarez de Toledo en el Congreso, y por la ratificación de Ignacio Cosidó en el Senado. Cuca Gamarra es la alternativa que en el partido señalan como la mejor opción frente a Álvarez de Toledo, del equipo del ex presidente José María Aznar. Los críticos a esta última no dejan de subrayar que en las elecciones generales el PP consiguió un único escaño por la circunscripción de Barcelona. En las generales de 2016 los populares lograron cuatro representantes en la Cámara Baja.

El debate estratégico sigue encima de la mesa, presidirá la negociación de los pactos postelectorales y en función del poder territorial que haya conseguido conservar finalmente Génova, cuando queden conformados todos los Gobiernos autonómicos y municipales, ganará o perderá fuerza a la hora de condicionar la acción política del PP.

Los malos resultados de las elecciones generales envalentonaron a los «barones» para plantarse ante la estrategia nacional fijada por la dirección del partido. Y latente sigue una especie de «rebelión» contra el gabinete del presidente del PP. Por ser más precisos, no sólo contra su entorno de asesores, sino también contra algunos de sus más directos colaboradores, como el secretario general, Teodoro García Egea. De hecho, la interpretación que hacen dentro del PP del explosivo almuerzo del pasado lunes de Casado con sus principales dirigentes autonómicos, y que estuvo marcado por un tenso debate ideológico y estratégico, es que el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, «venía a cobrarse la cabeza de Teo». Y en esta enmienda contra el «número dos» también se dice en el PP que Feijóo no está solo, sino que tiene el apoyo de otros «barones» y líderes regionales y provinciales.

El problema arranca en el choque entre Madrid y las direcciones provinciales por la gestión de la puesta en marcha de la maquinaria de las generales, sobre todo después de que las urnas confirmaran la debacle. En la periferia se quejan de que no se les tuvo ni se les tiene en cuenta y que en la definición estratégica hay que valorar las circunstancias coyunturales, que no son las mismas en Valencia, por ejemplo, que en Madrid o en Cataluña. En esta dirección apunto la presidenta del PP valenciano, Isabel Boning, en la comida del lunes en la sede nacional del PP.

Pero con la perspectiva de que el PP pueda gobernar en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento, Casado ya no está en una situación tan débil como para que el poder territorial pueda cobrarse la «cabeza» de su secretario general «ni la de nadie», precisan en la dirección nacional. Había una demanda de cambios en el equipo, y una expectativa de que se acometieran tras el 26M, contra la que ahora se imponen los resultados electorales. No son buenos, pero, al menos, sí sirven como salvavidas a Casado. «Y tampoco son buenos para algunos de los que capitanean la exigencia de cambios», sentencia en Madrid.

Si antes de estas elecciones en Génova también daban a entender que habría movimientos en el equipo, ahora esa posibilidad se circunscribe a la conformación del grupo parlamentario, en lo que será la lógica traslación de la renovación que Casado ya aplicó a las listas electorales. Todos los focos están puestos en hacia dónde inclinará la balanza el líder nacional en la elección de sus portavoces parlamentarios. Hasta desde dentro de Génova le han llegado «mensajes» contrarios a que apueste por la línea dura, que simbólicamente representa Álvarez de Toledo. «La clave está en conseguir que el núcleo de Pablo le centre, por encima del Gabinete que se ha montado y que no le ha hecho ningún favor», comentan en la sede de Génova.

El líder nacional tendrá que manejar el problema de este pulso de una parte de su dirección y del poder territorial contra su entorno gabinetero porque representa la línea dura, la imagen de «derechización» o, dicho de otra manera, el espíritu del ex presidente Aznar. Casado niega la mayor, que haya habido ningún cambio de posición que luego haya corregido. Y ha vuelto a defender que el principal problema del PP está en el voto que tiene que seguir recuperando de Vox. Su conclusión, y así se lo dijo a sus «barones», es que no se equivocaron en las generales.

Fuente: La Razón

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