Rescatados los 12 niños y su entrenador de la cueva de Tailandia

La misión de rescate de los trece «Jabalíes Salvajes» se cerró ayer con un completo éxito. Los últimos trabajos de salvamento comenzaron a las diez de la mañana con ayuda de todo el equipo de trabajo disponible, más de cien personas que se ponían a la obra con la única meta de finalizar la gesta y recuperar a los últimos cuatro chicos y a su entrenador, que todavía permanecían en la cueva, sanos y salvos.

De nuevo, el equipo formado por trece buzos, entre ellos un médico sueco del equipo internacional y un buzo español que apoyó en las labores, sorprendió un día más a todos. Tras varias intensas horas, la salida del primer niño, el número nueve, se produjo sobre las cuatro de la tarde. Sólo dos horas después, cuando todos los tailandeses escuchaban su himno nacional, aparecían en escena el número diez y once. Inmediatamente, el equipo médico de campaña daba luz verde para que fueran trasladados al hospital. Sobre las siete de la tarde llegaba la noticia de la salida del niño número doce junto a su entrenador. Todo el mundo daba la misión por terminada, pero dentro quedaban más personas por rescatar.

La misión que cerraba la angustiosa operación no sólo se centraba en sacar a los cinco últimos miembros de los «Jabalíes Salvajes», sino también a nueve personas, porque todavía quedaban dentro los cuatro Thai Navy Seal, entre ellos el médico Phak Lohanchum, que ha permanecido junto a los niños todo este tiempo desde el mismo día que fueron encontrados. Por ello, mientras el resto de los niños eran trasladados al hospital, continuaron las tareas de salvamento. Éstas concluyeron felizmente y todos salieron con vida y sin mayores dificultades.

Concluía así el rescate, pero aun así, varios expertos volverán a la cueva para realizar labores de recogida de material y devolver al parque natural su estado inicial.

El entrenador del equipo, dado su estado de salud, fue trasladado directamente en helicóptero y permanece junto a los niños en observación en el hospital General de Chiang Rai. Durante esta misma jornada se conocieron los informes médicos de los niños ya ingresados. Desde el Ministerio de Salud de Tailandia aseguraron que el pronóstico era bueno, aunque la gran mayoría de ellos llegaron débiles con unas temperaturas corporales muy bajas debido a la humedad de la cueva y la larga duración de su estancia allí, 17 días.

De los primeros cuatro niños rescatados, dos de ellos llegaron con un principio de pulmonía, lo que confirmaría el motivo en la elección de los niños a la hora de salir de la cueva. De momento, siguen en revisión y vigilados constantemente. Todavía tendrán que esperar para poder abrazar a sus familiares, quienes a día de hoy sólo pueden verlos a través de un cristal.

El motivo, el llamado «Mal de la Caverna» o histoplasmosis, enfermedad causada por un hongo que surge tras la inhalación de microconidios del ambiente característicos de zonas húmedas como cuevas o cavernas. De hecho, el equipo médico realizó las pruebas pertinentes que ya han sido enviadas a la capital, Bangkok, a la espera de los resultados. Los médicos están sometiendo a los niños rescatados a una batería de pruebas para determinar sus condiciones de salud y ayudarles a recuperarse de la pesadilla de haber permanecido 17 días en el interior de la cueva de Tham Luang Nang. Les evalúan los latidos del corazón, los pulmones, les realizan radiografías, y les dan vacunas, vitamina B y antibióticos.

La buena noticia es que el primer grupo de niños rescatados ya puede salir de la cama. Han dejado de tener fiebre y pueden andar en su área del hospital para ir ejercitando la motricidad. Una vez se confirme su mejoría, los familiares podrán visitarlos con un máximo de dos personas por visitas y con trajes especiales.

Por otro lado, los últimos rescatados tendrán que pasar por el mismo proceso médico que sus compañeros. En cuanto mejoren podrán compartir juegos y actividades entre ellos. Asimismo, los niños siguen pidiendo platos típicos tailandeses, y se quejan de la dieta blanda, una muestra más de su rápida mejoría.

Durante estas dos semanas, desde que se perdieron hasta este final feliz, no hay que olvidar a todos los profesionales y voluntarios que apostaron por luchar por la vida de estos trece. Y, especialmente, al sargento mayor ex SEAL y voluntario Saman Kunan, de 38 años, que perdió su vida salvando la de otros. Todos sus compañeros prometieron seguir luchando tras su muerte y conseguir rescatar con vida a los «Jabalíes». Y lo han conseguido, asombrando al mundo con por su rapidez y eficacia. Como bien comentó el comandante Seal Apakorn, tras el suceso «no dejaremos que nuestro colega muera por nada». Dicho y hecho.

Fuente: La Razón

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