Solo en… la Casa Blanca

Si no te apellidas Trump ni estás emparentado con uno de ellos, tus días en la Casa Blanca están contados. La última renuncia de la Administración republicana, la de la portavoz Sarah Sanders, constituye la salida número 50, según el recuento que hace el diario «The New York Times». No todos son de primera fila, pero la noticia es que muchos de ellos sí han gozado de toda la confianza del millonario presidente hasta que, por muy distintos motivos, dejan de hacerlo.

En un análisis comparado, el gatillo fácil del actual inquilino de la Casa Blanca hace empalidecer a todos los presidentes anteriores, muchísimo más estables en lo que concernía a su equipo. En realidad, esta euforia cesante de Trump es coherente con su estilo de hacer política, lo que en EE UU llaman la «teoría del hombre loco». Consistiría en ejercer el poder de una manera absurda, histriónica e inquietante tanto con aliados como con enemigos para dejar noqueado al personal y llevarse el gato al agua en cualquier negociación. El problema es que el presidente está dejando fuera de juego desde hace ya meses también a los que trabajan con él, que no saben a qué atenerse. Aquello de que «los adultos siguen en la habitación», que tanto les gustaba repetir a altos funcionarios de su gobierno, ha perdido vigencia. Todos aquellos «adultos», como su ex jefe de Gabinete John Kelly o el ex secretario de Defensa James Mattis, no están ni en la habitación ni en la casa. Salieron por la puerta a finales de 2018 y nadie sabe quién ejerce ahora el papel de guardián de la cordura, si es que lo hace alguien. Una gran parte de los cesados o dimisionarios han sido sustituidos por sus segundos o terceros espadas, nombramientos que no han sido aprobados por el Senado y que llevan tiempo en situación de interinidad.

Aquella «resistencia interna», como la bautizó un miembro de la Administración Trump en un mítico y anónimo artículo en «The New York Times», está esquilmada. El presidente se ha ido quitando de encima a todo el que le llevaba la contraria, desde el director del FBI al fiscal jefe pasando por su «creador», su jefe de campaña, Steve Bannon. Nada indica que esto vaya a calmarse, ni ahora ni en su próximo mandato si logra la reelección. Eso sí, tal y como dijo Emmanuel Macron en el G7 del año pasado, «nadie es eterno». Ni siquiera Trump.

Fuente: La Razón

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