Una clase política paralizada por el Brexit

La dimisión de Theresa May es tan solo la punta del iceberg. Fuera de la superficie sobresale solo un pequeño trozo de hielo. Pero debajo del agua hay una masa llena de aristas capaces de hacer naufragar a cualquier barco. Es así como se encuentra la política británica, más dividida ahora si cabe que hace tres años, cuando se acabó apostando por un divorcio que nadie sabe ahora cómo llevar a cabo. En las elecciones europeas que Reino Unido se ha visto obligado a celebrar se espera que el Partido del Brexit, del euroescéptico Nigel Farage, se convierta en el gran protagonista. Pero los sondeos sitúan en segundo lugar a los Liberal Demócratas, formación que aboga por un nuevo plebiscito.

En la Cámara de los Comunes no hay mayoría para una nueva consulta. Pero al mismo tiempo, sus señorías han rechazado ya hasta en tres ocasiones el acuerdo de retirada que May cerró con Bruselas. En definitiva, el pacto está muerto, pero nadie tiene «plan B». Poner un nuevo inquilino en Downing Street no va a cambiar la aritmética de la Cámara Baja. En este sentido, cobra cada vez más fuerza la posibilidad de nuevas elecciones, tan solo dos años después de que los conservadores perdieran la mayoría absoluta. Fue aquella cita lo que marcó el inicio del fin de May.

El excéntrico Boris Johnson, euroescéptico más por conveniencia que por convicción, se postula ahora como favorito para sucederla. Pero el ex ministro de Exteriores despierta a partes iguales filias y fobias entre las filas. Algunos diputados, como el influyente Dominic Grieve, ex Fiscal General del Estado, ya ha adelantado que presentará su dimisión si Johnson se convierte en el nuevo primer ministro. Lo cierto es que el partido de Winston Churchill y Margaret Thatcher, considerado en su día uno de los más serios y respetados de Europa, se ha convertido ahora en una parodia de sí mismo. Los «tories» llevan más de 40 años sin conseguir resolver sus diferencias respecto a la cuestión de la UE, el mismo fantasma que ha acabado devorando ya a cuatro de sus líderes: la Dama de Hierro, John Major, David Cameron y ahora May. Y las primarias que ahora deben celebrar no parece que vayan a arreglar las cosas.

Por su parte, los laboristas no están mucho mejor. Las filas de Jeremy Corbyn no han conseguido hacer una oposición real en uno de los momentos más críticos para el partido del Gobierno. En particular por el discurso tan vago de su líder. Ni las filas ni las bases tienen aún claro cuál es su postura y eso también ha generado sus grietas en la formación. En definitiva, el caos continua. Y nadie ve aún la claridad al final del túnel en la calle, donde el pueblo está sumido en el hartazgo y la frustración de ver cómo el resto de ministerios permanecen prácticamente paralizados.

Fuente: La Razón

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