Una historia de «anomalía mental»

La cuestión es que las enfermedades mentales, incluso las ligeras, están estigmatizadas y siguen siendo un tabú, especialmente cuando afectan a un alto mandatario porque son percibidas como una debilidad, e incluso pueden ser inhabilitantes. Por esta razón, la ocultación se ha producido tanto en democracias como en dictaduras. El psiquiatra Jonathan Davidson estudió a los Primeros Ministros británicos entre 1676 y 2007. Dictaminó que el 75% de los 51 hombres sufrió depresión severa, bipolaridad, ansiedad social y demencia. En algunos casos, esta enfermedad se mezclaba con el alcoholismo. Del mismo modo, la lista de presidentes norteamericanos con trastornos psicológicos es muy extensa, desde un Jefferson que padeció ansiedad crónica, hasta un Bill Clinton, a quien le aconsejaron ayuda psiquiátrica durante el «escándalo Lewinsky». El asunto más conocido es el de Winston Churchill (1874-1965), que fue Primer Ministro durante la Segunda Guerra Mundial. Sufrió depresión severa agravada por el consumo de alcohol. Churchill la llamaba «mi perro negro», al que calmó con larguísimas jornadas de trabajo. Lo curioso es que Roosevelt, el presidente de Estados Unidos aliado de Churchill contra los nacionalsocialistas, padecía un trastorno bipolar. No era nuevo en gobernantes sometidos a la presión política y bélica. De hecho, parece demostrado en Alejandro Magno, Cromwell y Napoleón.

Abraham Lincoln, el presidente que construyó los actuales EE UU, también sufrió bipolaridad, depresión y melancolía. Le fue diagnosticada en 1840 y aprendió a vivir con ella. Al parecer todo se desencadenó por la muerte de su enamorada Ann Rutledge. La ventaja de la depresión, dicen los psiquiatras, es que sirvió a esos políticos para tener una perspectiva más realista. J. F. Kennedy ocultó a los norteamericanos que padecía la enfermedad de Addison, una insuficiencia renal que le provocó depresión, apatía, ansiedad e irritabilidad. El tratamiento para paliar las consecuencias fueron altas dosis de testosterona y esteroides, lo que alimentó su apetito sexual. En este sentido, Mao Zedong (1893-1976), el dictador comunista chino, aliviaba con sexo sus padecimientos por los trastornos bipolares que le provocaban depresión y una psicopatía que explica su falta de empatía. La declaración oficial de «anomalía mental» también sirve para incapacitar políticamente a alguien. En España se intentó con Fernando VII en 1823 para quitarle sus poderes. Ahora, en Estados Unidos se piensa en la Enmienda 25 de su Constitución para destituir a Trump. Si así hubiera sido durante toda la Historia, se habrían borrado la mitad de presidentes norteamericanos, y tres cuartas partes de los británicos.

Fuente: La Razón

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