Ursula Von der Leyen se convierte en la primera mujer que preside la Comisión Europea

Ursula Von der Leyen se convertirá en la primera mujer presidenta del ejecutivo comunitario después de recibir ayer el aval de la Eurocámara por un estrecho margen de 383 votos a favor, 327 en contra, 22 abstenciones y un voto nulo. La política alemana necesitaba 374 síes, la mayoría absoluta del hemiciclo y peleó hasta el último voto, consciente de que su elección hace dos semanas había desairado a la Eurocámara y pendía de un frágil hilo.

Verdes e Izquierda Unitaria han votado en contra, Partido Popular Europeo y Liberales a favor, y ha conseguido la adhesión de última hora de los conservadores polacos de Ley y Justicia y el Movimiento 5 Estrellas italiano. Respecto a los socialistas, estos anunciaron poco antes del comienzo de la votación su voto a favor, pero el estrecho margen apunta que varias delegaciones lideradas por Alemania no cumplieron la disciplina de voto, favorecidos por el anonimato del proceso. Uno de los rumores que circula es que miembros del Partido Popular Europeo votaron en contra.

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Sin embargo, a pesar de los números, la impresión sobre Von der Leyen ha sido más que favorable, revelándose como una oradora convincente y con cintura, lo que seguro le hará falta ante la fragmentación política que asola al club comunitario en tiempos especialmente turbulentos.

La política tejió un discurso vibrante y europeísta –sorprendentemente bien hilado– en el que aunó propuestas ambiciosas con las que seducir a socialistas y verdes con pinceladas sobre su compromiso con el proyecto de integración europeo como hija, madre y política. Detalles autobiográficos para mostrarse como una líder del futuro antes que como una dócil tecnócrata impuesta por las cancillerías.

La primera referencia en su discurso no resultó sorprendente. Von der Leyen recordó a la primera mujer presidenta de la Eurocámara, Simone Veil, de cuya elección se cumplieron ayer 40 años y agradeció a todas aquellas personas, «hombres y mujeres que han superado barreras y desafiado convenciones» y que han permitido su candidatura – también como primera mujer– al ejecutivo comunitario.

Tras apelar al destino común de 500 millones de europeos que se enfrentan a los mismos desafíos, desde el cambio climático al nuevo modelo económico debido a la digitalización, Von der Leyen sacó toda su artillería pesada con una serie de propuestas con marcado carácter ecologista y social. Como conejo de la chistera, propuso un plan de un billón de euros para la próxima década con el objetivo de convertir a la UE en el primer continente neutral respecto al cambio climático. Dejó claro que al meta actual de reducir las emisiones un 40% (respeto a 1990) para el año 2030 no es suficiente y abogó por incrementar esta cifra hasta el 50% o incluso el 55%.

Ante el temor que esto origina en economías fuertemente dependientes de los combustibles fósiles, prometió «no dejar a nadie atrás» gracias a un fondo para la transición energético y la puesta en marcha un impuesto al carbón en frontera que grave las importaciones de terceros países no respetuosos con el cambio climático.

En el plano económico, prometió utilizar el margen de flexibilidad ya previsto en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y continuar la senda del actual ejecutivo comunitario a la hora de gravar los ingresos de los gigantes digitales. «No es la gente la que sirve a la economía, es la economía la que sirve a la gente», proclamó la aspirante a suceder a Jean-Claude Juncker en un guiño evidente a la reticente bancada socialista. Dentro de esta faceta más social, Von der Leyen fue más allá de los compromisos defendidos el día anterior por carta y apostó por un reaseguro de paro europeo que complete las prestaciones de desempleo ofrecidas por un país que atraviese una crisis, un marco común europeo de salario mínimo, triplicar los fondos para las becas Erasmus y luchar contra el desempleo juvenil, que en algunos países europeos llega al 40%.

En cuanto a la igualdad de hombres y mujeres, prometió paridad en su colegio de comisarios e incluso instó a las capitales a presentar un nuevo nombre si esta norma no se cumple. La candidata recordó que desde 1958, sólo el 20% de las carteras europeas han estado ocupadas por mujeres. Dentro de este capítulo también propuso poner a la violencia contra las mujeres en la lista de delitos incluidos en los Tratados.

La parte más delicada de su discurso se refirió al desafío migratorio y la deriva autoritaria de los países del Este. En el primer capítulo, la aspirante defendió la obligación de salvar vidas sin renunciar a la lucha contra las mafias a través del cuerpo de guardacostas europeos y expuso su testimonio personal sobre la acogida de un refugiado sirio, quien se ha convertido en un ejemplo para su familia. Aunque prometió una reforma integral del sistema de asilo europeo, no especificó si ésta conllevará un sistema de cuotas obligatorias, el proyecto fracasado de su mentora, Angela Merkel.

Fuente: La Razón

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