Von der Leyen presenta el equipo que afrontará el Brexit desde la Comisión Europea

La presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentará hoy el reparto de carteras del Ejecutivo comunitario. Un sudoku que debe respetar una serie de complicados equilibrios geopolíticos y que tiene como objetivo formar un equipo lo más cohesionado posible que sea capaz de hacer frente a desafíos de tal envergadura como un posible Brexit caótico, la guerra comercial entre China y EE UU con el club comunitario como gran perjudicado, la amenaza de recesión, la deriva autoritaria en varios Estados miembros o el problema migratorio.

Durante todo el verano, la política alemana ha llevado a cabo una gira por las capitales con el objetivo de conseguir el mayor apoyo de las cancillerías a su programa político e intentar configurar un ejecutivo que ceda solo en parte a los intereses nacionales en el reparto de carteras sin menoscabar el interés común de todos. Sólo el tiempo dirá si lo ha conseguido.

De momento, se saben algunas importantes pinceladas de este puzle. Von der Leyen estará pertrechada por dos vicepresidentes con competencias reforzadas: el socialista Frans Timmermans, que ya ha ocupado este puesto en la Comisión presidida por Jean-Claude Juncker, y la liberal y actual comisaria de Competencia Margrethe Vestager. Esta última familia política exigió a cambio de su apoyo en el Parlamento que tanto Vestager como Timmermans ostenten un poder similar para que la balanza ideológica esté compensada.

Aunque se desconocen los detalles, se espera que Von der Leyen establezca las prioridades de su equipo mediante las carteras que coordinarán Vestager y Timmermans. Por eso, se da por supuesto que la lucha contra el cambio climático para conseguir la neutralidad de las emisiones en 2050 y la digitalización serán dos de las supercarteras que se repartirán entre estos dos vicepresidentes.

En la anterior legislatura, el actual presidente del Ejecutivo cambió la forma de trabajo de la Comisión al dar más poder a los vicepresidentes, con el objetivo de que gestionaran labores de coordinación en las diferentes materias y se creasen equipos de trabajo en el seno del ejecutivo, y Von der Leyen ya ha mostrado su interés en continuar esta senda, muy alabada en los pasillos comunitarios.

Dentro de los pesos pesados del Ejecutivo, el español Josep Borrell, como máximo representante de la diplomacia europea, también ocupará el puesto de vicepresidente, y una de las preguntas es si habrá algún cambio en la actual configuración de su cargo para que la coordinación con el resto de carteras sea más fluida. En los últimos años, el puesto ha perdido poder dentro de la cúpula comunitaria y Von der Leyen tiene en su mano la posibilidad de revertir esta tendencia.

Dentro de las carteras cuyo interés ha sido expresado por los países europeos, se da por supuesto que la de Comercio Exterior será para el irlandés Phil Hogan (vital para la negociación de un acuerdo post-Brexit con Reino Unido). Von der Leyen ha ofrecido Agricultura a Polonia (una cartera de gran interés estratégico para el país), y la política alemana quiere que sea Vera Jourova, de la República Checa, la responsable de la cartera del Estado de Derecho, como posible balón de oxígeno para los países del Este, aunque el belga Didier Reynders había aparecido como alternativa a esta opción.

Francia está interesada en Mercado Interior y Roma había pedido la todopoderosa Cartera de Competencia, aunque su candidato, el proeuropeo Paolo Gentinoli, no tiene experiencia en este ámbito. A pesar de esto, la reconciliación entre Bruselas e Italia con el nuevo Gobierno de Giuseppe Conte vaticina una cartera de peso para el país transalpino.

El actual vicepresidente letón, Valdis Dombrobskis, pugna por seguir manejando una cartera económica al igual que otros candidatos nórdicos como la finlandesa Jutta Urpilainen. En este flanco, Von der Leyen se enfrenta al reto de equilibrar la influencia de halcones y palomas.

Si todo va según lo previsto, el nuevo ejecutivo deberá tomar las riendas del club europeo el próximo 1 de noviembre, justo cuando termina la última prórroga de las negociaciones del Brexit. Si Boris Johnson se ve abocado a pedir una nueva extensión hasta el 31 de enero –tal y como le obliga la ley aprobada por Wetsminster– y si esta prórroga es concedida por los Veintisiete, Reino Unido deberá nombrar, in extremis, un candidato para formar parte del ejecutivo comunitario. Todavía es imposible conocer si la nueva Comisión Europea tendrá 28 o 27 miembros y por cuánto tiempo.

El calendario apremia. Los candidatos a comisarios tendrán que pasar sus respectivas audiencias en las comisiones parlamentarias del 30 de septiembre al 8 de octubre y necesitan un informe favorable de dos tercios. Si alguno fracasa en esta empresa, las capitales pueden verse obligadas a presentar un candidato alternativo, ya que el pleno del Parlamento Europeo del 21 al 24 de octubre deberá votar a favor del colegio de comisarios en su conjunto.

Wetsminster ha aprobado una ley que obliga al inquilino de Downing Street a pedir a los Veintisiete una nueva prórroga con el plazo máximo del 19 de octubre, si tras la cumbre de los días 17 y 18 en Bruselas no ha conseguido arrancar a sus todavía socios un acuerdo de divorcio alternativo.

En el peor de los escenarios, Johnson cumpliría su amenaza de no acatar esta ley o los Veintisiete podrían denegar esta petición. En uno más optimista, esta posible extensión vendría condicionada a una convocatoria electoral. El mandato de la política alemana se estrenaría con un nuevo bloqueo en las negociaciones y la eterna amenaza de Brexit a las bravas todavía latente.

Fuente: La Razón

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