Y España desbordó Colón

Cuando desde Génova 13 remitieron a toda velocidad a Delegación del Gobierno en Madrid la solicitud para celebrar la concentración, pensaron en una afluencia de 20.000 personas. Se quedaron cortos. Muy cortos. La guerra de números, tan propia de estas ocasiones, no preocupa a los presentes. “Luego diréis, que somos cinco o seis”. “No recuerdo una movilización semejante”, ha escrito en Twitter la senadora popular, Cristina Ayala. Y así fue.

La “España de los balcones” tenía muchas ganas de mostrar su descontento con la gestión del desafío del independentismo catalán. Familias enteras, hombres, mujeres y mucho joven, para que luego digan que la política no les interesa, han llenado esta mañana la madrileña Plaza de Colón de rojo y gualda, los colores de la bandera de España. España. La palabra más repetida y coreada junto a “Sánchez dimisión” y “elecciones ya”, en alusión al presidente del gobierno. La frase “golpistas a prisión” impreso en cartelería verde se dejaba ver por todas partes.

A las 11 de la mañana, una hora antes de comenzar el acto, no cabía un alma en las cafeterías que rodean la plaza, lo que hacía presagiar el éxito que tal vez lleve a la presentación de la moción de censura que Pablo Casado no ha descartado. Los camareros se apresuraban a servir cafés entre banderas constitucionales, pulseritas de tela con la enseña nacional y vivas a España. Alguno incluso hacía sonar repetidamente en su móvil a Manolo Escobar para deleite del personal. Que para eso no suele ser habitual tal subidón de patriotismo y hay que aprovecharlo. En una terraza debatían animadamente y en buena camaradería seguidores de Ciudadanos y Vox. Como se lo cuento. El metro estaba imposible. Como un laborable en hora punta. También la A-6 anunciaba el éxito. Tráfico un domingo a las 10.

¿Qué estaba sucediendo? Que el êthos de la nación española, que el nacionalismo lleva adormeciendo décadas, ha despertado de pronto. Los partidos, en el fondo, les dan igual a los asistentes. Como sucede en Venezuela, en donde el pueblo se echa a la calle sin preocuparle lo de las izquierdas o las derechas, que es “cosa de políticos”. “No he venido porque hayan convocado los políticos, he venido porque ya estoy harta de que siempre cedan ante los independentistas. Hay que plantarse”, afirmaba Rosa, 54 años, llegada desde Albacete. Asegura no tener decidido su voto en las próximas municipales. “Pero al PSOE de Sánchez no lo voto ni en broma”. Coincidencia entre los asistentes. Algunos “muy de izquierdas”, como presume el joven Aleix, de 20 años y estudiante de Veterinaria. “Voté a Podemos y ahora ya no me representan. Soy español. Por favor, cuéntalo, que luego dirán que aquí solo han estado las derechas”. Contado queda. En el fondo, suena a rebeldía contra la corrección política, que es lo que está sucediendo en todo Occidente, hastiado del pensamiento único. Es el origen del momento populista.

Al rostro de los numerosos políticos presentes, desde el líder de la oposición, Pablo Casado, pasando por Albert Rivera, Santiago Abascal o socialistas como José Luis Corcuera, se asomó una emoción profunda y sincera. “Estamos ante una emergencia nacional. Hay que poner en pie a la España que quieren arrodillar los separatistas”, afirmaba Casado, para quien no hay duda alguna de que la unidad de España está en peligro. “Sánchez ha negociado para perpetuarse en el poder. No podemos seguir, 40 años después, tratando de integrar a quien no quiere integrarse. Hay que cesar el diálogo con quienes quieren romper España”, denunció. “El tiempo de Sánchez ha terminado”, sentenció. Rivera, por su parte, ponía el acento en la “irresponsabilidad” de Pedro Sánchez, a quien acusaba de “ser capaz de todo por el poder”, en alusión a los 21 puntos negociados con Quim Torra, que Inés Arrimadas califica de “infames”. “Colón está desbordado. Sánchez nos ha engañado. Queremos elecciones ya”, declaró a su llegada al acto. Para Santiago Abascal estamos ante un presidente de gobierno “indigno y traidor”. “Hemos salido a la calle para recordar que con el golpismo no valen atajos”, explica. Cerca de él, Mario Vargas Llosa, Manuel Valls, Isabel Díaz Ayuso, Rocío Monasterio, Begoña Villacís, Ángel Garrido o Alberto Núñez Feijóo. Todos juntos, pero nada revueltos, por una misma

Hacia las 12:40, leído el manifiesto por los tres periodistas María Claver, Albert Castillón y Carlos Cuesta, sonó el himno nacional. Era el anuncio del comienzo, que no del final. Carlos Moreno ‘el Pulpo’ siguió animando la fiesta hasta que las miles de personas se fueron retirando.

Fuente: La Razón

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